7 may 2015

comes y bebes conmigo todas mis simples sopas de letras

AÚN NO TE HE PREGUNTADO SI ERES FELIZ

 

Oye Patricia,

aún no te he preguntado si eres feliz. No sé si se dice en tu mar a las chicas palomita mía –colometa meva en mi idioma-,

 

aún no te he preguntado si eres feliz.

Maravillosa, no haces caso y acudes a mi adoración aquí a este Blog de Google Plus sin que tenga que mentir,

 

estar celoso o ser digno de tu amor,

dispuesta al injerto, te arrimas a mi aguda palabra y te entregas del todo a ella

 

sin que me sienta culpable,

 

comes y bebes conmigo

todas mis simples sopas de letras y vives las agitaciones que iluminas con tu sencillez vidente.

 

Me impresionas,

sin que me sienta mejor de lo que soy, igual que lo sentimos en una fantasía compuesta para ocho violines y dos pianos.

 

Libre, me liberas,

qué más puedo querer, qué más puedo pedir ¡y con todo, esa angustia torturante en mí -ansiedad de querer echar los dados cada día-,

 

esta angustia por alguien

que posiblemente no conoceré jamás!

 

Estando aquí junto a ti Patricia, leyéndome,

es demasiado para un amor de otro mar.

 

                                                             Johann R. Bach


6 may 2015

¡Qué poco importaba qué hacer o qué encarnar!...


ANTE UN FUTURO INCIERTO

Con azimut cero
el sol permanece a mi espalda como un amigo aunque las placas de grafeno me impiden ver su luz.

Desde esta noche eterna
veo ahí abajo un planeta lleno de mares rodeado por unas lucecitas azules y me veo en mi estudio escribiendo.

¡Qué poco importaba
qué hacer o qué encarnar!... Sin impulso y sin vector afijo por lo menos que me pudiera dar una dirección, un ángulo de despegue,

sin motivo, sin consecuencias,
sin destino allí en un pequeño paquete de metros cúbicos había un ser en su indivisible plenitud…

Aquel ser, fundamentalmente,
vio ternura en cada isla en cada mar.

Desgraciadamente, una vez vista,
la belleza merma, a menos que se repita tanto que también el amor sea pérdida.

No. Desde esta ventana, no.
Desde esta enorme distancia no puedo ver cómo el barrendero apila en pequeños montones la hojarasca y las cáscaras de naranja.

Reflexiono sobre qué sucede
en ese planeta sobre el que orbito por si decidiera volver.

Veo el tiempo en qué viví.
Era un tiempo en el que la agresividad lo regaba todo con vino de estramonio,

un tiempo
en que hasta una lágrima de compasión sabía que era la única que lloraba; años en que se servía chocolate a la ira y ternera al odio.

Aunque también veo
a un niño no mucho mayor que yo que llevaba un zorro disecado alrededor del cuello y

lo dejaba tocar por una moneda.

Veo todavía sus ojos
y sus manos temblorosas y el serrín que se escapaba de la boca del cánido.

Y también veo aquel niño
que recogía el dinero y que, en un momento dado, mientras su padre bebía, se volvía de espaldas y se metía en la boca un bieuro(1).

Ahorraba ante un futuro incierto
porque sus huesos le dolían debido al fuerte crecimiento. Era la vida que se abría paso.

                                                                Johann R. Bach

NOTA (1): Un bieuro moneda de dos euros

5 may 2015

El romero estaba pisoteado y desnudo,

CAMISAS EMPAPADAS DE SUDOR

 

El sol había ocultado su alegría,

a pesar de que el día había transcurrido envuelto en una cruel niebla y la sangre buscaba el rubor de la aurora.

 

La noche de final del verano

comenzaba a alargar sus sombras.

 

Y aunque el calor había callado,

aquello que no podía oponerse a la vida crecía entre la zarzamora sin importarle los rasguños ni en codos ni rodillas.

 

Después de que nuestros huesos

hubieron tocado tierra, a través de nuestros rostros derrumbándose, no acabó nada amor mío.

 

Lo que nosotros flotar vimos,

con un placer que rozaba el dolor estaba como en un nido y nos unían sus ojos en complicidad naciente.

 

El romero estaba pisoteado y desnudo,

y acrecentaba con su aroma la ansiedad de volver a echar los dados antes de que la aurora con sus blanquecinos hilillos de luz

 

descubriera nuestras camisas

empapadas de sudor y gozo.

 

                                                                   Johann R. Bach



4 may 2015

Re: Es la revolución de Orión nuevamente entre nosotros.


CUCHICHEOS ENTRE ESTRELLAS

La tierra quemada vuelve a ser fértil
gracias al magnesio que, en presencia de la Amazona de Platino, reconstituye la clorofila por más que un hierro la siga hiriendo:

Vuelve la colaboración
de las sangres fundamentales: la clorofila y la hemoglobina -el verde y el rojo-, el magnesio y el hierro
bajo la mirada atenta de la Jueza de Platino,
asistida por sus secretarios el aluminio y el cobre.

En los almendros por primavera
chorrea vejez y juventud y de las ascuas de la cosecha la Amazona de Platino extrae la antorcha y

la locura de ver
belleza metálica a su alrededor.

De la misma manera
que el caballo transparente, de ojos vendados como la justicia, de estrecha cabeza ha condenado a su enemigo

la Amazona de Platino de hirientes espuelas
ha dominado a los vientos más severos que los que corren por su voz.

Es la revolución de Orión
nuevamente entre nosotros.

Desde las Islas una hermosa voz pregunta
cómo sé esas cosas. Le respondo lo mismo que te dije a ti Patricia: no he hecho más que escuchar

los cuchicheos entre las estrellas.

                                                            Johann R. Bach

Es la revolución de Orión nuevamente entre nosotros.


CUCHICHEOS ENTRE ESTRELLAS

La tierra quemada vuelve a ser fértil
gracias al magnesio que, en presencia de la Amazona de Platino, reconstituye la clorofila por más que un hierro la siga hiriendo:

Vuelve la colaboración
de las sangres fundamentales: la clorofila y la hemoglobina -el verde y el rojo-, el magnesio y el hierro bajo

la mirada atenta de la Jueza de Platino,
asistida por sus secretarios el aluminio y el cobre.

En los almendros por primavera
chorrea vejez y juventud y de las ascuas dela cosecha la Amazona de Platino extrae la antorcha y

la locura de ver
belleza metálica a su alrededor.

De la misma manera
que el caballo transparente, de ojos vendados como la justicia, de estrecha cabeza ha condenado a su enemigo

la Amazona de Platino de hirientes espuelas
ha dominado a los vientos más severos que los que corren por su voz.

Es la revolución de Orión
nuevamente entre nosotros.

Desde otro mar una hermosa voz pregunta
cómo sé esas cosas. Le respondo lo mismo que te dije a ti Patricia: no he hecho más que escuchar

los cuchicheos entre las estrellas.

                                                            Johann R. Bach

pediría a la noche verdadera disponer de mi sueño


ANOCHE ME DESPERTÉ SUDANDO

Anoche me desperté sudando
–de un imposible sueño- con la boca seca y con la sensación de que mi huella, mi existencia se perdían entre el rumor de las olas.

Tu rostro se deslizaba
sobre la almohada húmeda de saliva a trompicones retrocediendo ante mi aliento.

Mi lengua
no era más que una mancha en búsqueda de la abeja que la haría flor y la endurecería como las valvas de una almeja viva.

Íbamos a separarnos.
Tú te quedarías en la casa de la Colina de los Aromas y yo penetraría en el Jardín del Vacío.

Allí abajo, frente al mar,
la protección de las rocas, en la plenitud del viento de tramontana, pediría a la noche verdadera

disponer de mi sueño
para acrecentar tu felicidad. Y todos los frutos te pertenecerían.

Anoche me desperté sudando
–de un imposible sueño- con la boca seca y con la sensación de que mi huella, mi existencia se perdían entre el rumor de las olas.

                                                               Johann R. Bach


3 may 2015

Re: tu rostro es el que menos se demora en los reflejos del puente


FINA LLUVIA SOBRE EL PUENTE


En el paseo solitario
de cada mañana me detengo a contemplar la piel del rio.

De todas las mansas aguas
de los días claros, tu rostro es el que menos se demora en los reflejos del puente y

reconozco tus ojos:
la vida futura en el fuero íntimo del hombre nuevamente cualificado.

Al fín y al cabo
no se me ocurre algo mejor que cultivar rosas para que caiga sobre el puente la fina lluvia.

                                                              Johann R. Bach

2 may 2015

Párpados a las puertas de una felicidad fluida

LOS OJOS DE TÉ

 

Nos hemos aceptado uno al otro

 

Párpados horizontales,

huerto de estrellas, las retamas y la soledad son diferentes de ti.

 

Párpados

a las puertas de una felicidad fluida como la carne de un molusco,

 

párpados

que -conforme a los ojos de té- el ojo furioso no logra hacer naufragar,

 

párpados,

¡cómo a las puertas de la felicidad me bastáis!

 

                                                            Johann R. Bach


1 may 2015

el verano también cantaba apartado de nosotros que éramos silencio, simpatía, libertad triste

EL GRAN CONSUELO

 

El mar cantaba

sobre su roca preferida cuando apareció ante mí en su apariencia de primer amor,

 

el verano también cantaba

apartado de nosotros que éramos silencio, simpatía, libertad triste en un mundo donde hasta el beso estaba prohibido,

 

mar aún más

que el mar cuya larga pala azul jugaba a nuestros pies.

 

El verano cantaba

y su corazón nadaba lejos de él. Yo besaba, en cada oportunidad, su valentía y oía su desasosiego.

 

Todo eran besos y caricias

en la senda por el absoluto de las olas hacia aquellos altos picos de espuma por donde cruzaban virtudes agresivas para las manos que tan sólo buscaban separar nuestras casas.

 

No éramos crédulos,

pero sí optimistas esperanzados de un planeta mejor. Nos agasajaban, a pesar de que secretamente nos envidiaban.

 

Pasaron los años.

Las tormentas murieron. El fruto de moda la manzana Nova Europa y el mundo generoso se fue. Me dolió sentir que su corazón justamente ya no me percibía.

 

En mi ausencia de rostro

y mi vacío de felicidad no fui capaz de acortar distancias. La amaba, cambiante en todo, fiel a ella.

 

Mar del respeto a los sueños,

mar que oxida el metal, donde las estrellas tienen esas sombras de simples historias que niegan al mar.

 

Mar de los poderes transmitidos

y del grito que emboca las aguas en los pequeños puertos y del viento huracanado de tramontana que muerde la viña y

 

anuncia el vino nuevo.

 

Mar de corazón intacto

en este mundo enloquecido por la prisión, amparo violento y amigo de las abejas de la canción homérica.

 

Algunas voces trataron de consolarme,

pero uno no puede, al salir de la infancia, dedicarse a estrangular indefinidamente a su prójimo.

 

El gran consuelo apareció

cuando comprendí que aunque los volcanes cambien poco de lugar, su lava recorre el gran vacío del mundo y le aporta

 

virtudes que cantan en sus heridas.

 

                                                            Johann R. Bach


Como dama orgullosa no se postra sino para amar


UN FANTASMA RECORRE LOS CIELOS

Mientras nos convencemos
de que hay que poder caminar, sin engañar al pájaro, del corazón del árbol al éxtasis del fruto

un fantasma recorre los cielos
atravesando el aire de la noche: Es la Amazona de Platino.

Dicen que lo que le acoge
a través del placer no es sino la gratitud mercenaria del recuerdo y la presencia que ha elegido no dice, precisamente, adiós.

Como dama orgullosa
no se postra sino para amar. Es como la imagen de una heroína que aún después de haber muerto la sigues amando. 

Las tinieblas por las que se deja ver
están gobernadas por la lujuria de su ascendente solar y corre de boca en boca que ha enviado un mail a través de Google Plus en el que nos exhorta

a no cuidarnos
de aquéllos que ven al ser humano sólo como una etapa del color sobre la espalda atormentada de la tierra; y,

hay que dejarlos
que reflexionen su largo reproche, porque la tinta del atizador y el rubor de la nube son una y la misma cosa.

                                                               Johann R. Bach

tu rostro es el que menos se demora en los reflejos del puente

FINA LLUVIA SOBRE EL PUENTE

 

En el paseo solitario

de cada mañana me detengo a contemplar la piel del rio.

 

De todas las mansas aguas

de los días claros, tu rostro es el que menos se demora en los reflejos del puente y

 

reconozco tus ojos:

la vida futura en el fuero íntimo del hombre nuevamente cualificado.

 

Al fín y al cabo

no se me ocurre algo mejor que cultivar rosas para que caiga sobre el puente la fina lluvia.

 

                                                              Johann R. Bach


si cabalgaba al trote se atascaba el resentimiento en su garganta.

UN FANTASMA EN EL VIENTO

 

Lucha una auténtica amazona

con él cara a cara –el perfil es una piel curtida con platino, templada con técnicas de metalurgia en polvo.

 

Se acabó el tiempo

en el que él la asediaba por la espalda como la brisa a la sal marina y pretendía desnudarla

 

por correr demasiado:

si cabalgaba al trote se atascaba el resentimiento en su garganta.

 

Ahora la Amazona de Platino

empuja a ese aliento de Eolo –un fantasma en el viento- por las calles, por las plazas, hasta la última esquina y

 

lo acorrala en la puerta de su casa.

 

Cuando de él se despide

le lanza un beso con el gesto y no se le ocurre otro saludo más oportuno que el de

 

¡hasta luego mi fantasma!

 

                                                                  Johann R. Bach

 

28 abr 2015

La luz -ahora lo sabe- le surge de dentro y le da brillo a los ojos y a los párpados


PURA LUZ MAGENTA…, PURO AMOR

Nunca imaginó la Amazona de Platino que
después de vencer enfermedades, tener hijos, plantar árboles y escribir libros pudiera erguirse en lo más alto de sí misma y

verse transparente sobre su montura.

Desconocía lo que era cabalgar
y que el viento sostuviera horizontal su cabellera y gozase con ello mientras quedaba atrás la lluvia y su halo de luz magenta.

Ahora cualquier voz masculina la enardece
y se lanza, desde su propio cuerpo cargado de selenio y paladio, al ciberespacio, a nuevos cielos y abismos, rutas sin fin llenas de bosques sagrados donde cantar y yacer sobre la hierba.

Ahora tiene –después de tantos años-
tiempo para llenar sus pulmones libremente de aromas diversos…

para amar y alcanzar la vida.

Como la luz
ha pasado por ocultos caminos, ha rascado el corazón de la tiniebla y ha comprobado que para la luz no existen los confines.

La luz -ahora lo sabe-
le surge de dentro y le da brillo a los ojos y a los párpados. La combustión impura del sodio de su antiguo corazón ha dejado sedimentos interesantes sólo para la Historia.

La Amazona de Platino es ahora
pura luz magenta…, puro amor.

                                                            Johann R. Bach

(La Amazona de Platino) da fe de las nupcias de la granada cósmica


ENTRE ESTRELLAS DE IRIDIO Y NÍQUEL

Cabalga al galope una Amazona de Platino
entre estrellas de iridio y níquel.

Su rostro de intercambio
depende solamente de la necesidad térmica del Universo y de la voluptuosidad que la acredita.

En el umbral de la gravedad,
igual que la araña, construye sus pistas consteladas por el cielo. En parte oculta a sí misma,

se muestra a los demás
–en los rayos de su astucia inaudita- mortalmente visible.

Es una Amazona
que atraviesa con sus dibujos en los cielos la pastoral de los desiertos, el don de sí a las furias, el fuego enmohecido de las lágrimas;

Identificada como la expresión de su propio genio
o, más bien como el ovario aplastado contra esa voluble silla de montar -forma de nuestro Universo-

da fe de las nupcias de la granada cósmica

y siente apetito por un malestar
cuya consumación, en medio de los remolinos de la totalidad de las cosas existentes y presentidas,

provoca,
en el momento de su clausura, la felicidad.

                                                              Johann R. Bach

como a un ramo del primer sol

UNA SUAVE FRAGANCIA

 

Me conmueve mi amor

esa suave fragancia

 

que me envías desde tu mar y

saber que mis humildes palabras,

 

como aleteo de mariposa,

remueven tu universo.

 

Furor y misterio, por turno,

te han seducido y te han hecho crecer.

 

Después ha llegado el año

que ha dado cumplimiento

 

como a un ramo del primer sol

a tu expansión de saxífraga.

 

Y es que el poema –ahora lo sé-

siempre está casado con alguien.

 

                                                         Johann R. Bach


27 abr 2015

Niña del buen tiempo

SÉ QUE MIRAS AL CIELO

 

Empiezan a caer gotas

y sé que miras al cielo.

 

Mujer de la lluvia

y niña del buen tiempo,

 

tus manos de derrota y de progreso

me son igualmente necesarias.

 

                                             Johann R. Bach


Mujer en cuya boca beso el tiempo loco,


NO ME PIDAS PALABRAS SENSATAS

¡Ay amor!
no me pidas palabras sensatas

puesto que eres para mí
como la ficción Hyosciamus que camina desnuda con sus pies de caña, con sus pies de guijarro, y,

no se deja reducir en parte alguna.

Mujer en cuya boca beso
el tiempo loco, allí donde al lado del grillo cenital ella canta la noche de invierno en la pobre panadería,

bajo la miga de un pan de luz.

¡Ay amor!
no me pidas palabras sensatas.

                                                             Johann R. Bach

se le dispara hacia afuera la lengua mientras habla.


LICINIO HOMBRE BAJITO Y SU MEMORIA

Licinio hombre bajito
lindando el enanismo se miraba en el espejo y no comprendía por qué su rostro se había llenado de arrugas prematuras;

cuál era la razón del tinte amarillo de su piel;
cuál era la razón por la cual su pelo también se había blanqueado en plena juventud.

Cuando alguien le dijo
que se le estaba oxidando el osmio de su pecho no hizo caso, corrió a consultar a una pitonisa.

Tampoco le convenció aquella buenaventura
que lo basaba todo en el miedo. Realmente estaba acobardado, pero lo ocultaba como si fuera un crimen.

El cuello adelgazado
siguiendo la línea de un pecho estenosante apuntaba a una predisposición asmática.

Todo ello dejaba de ser importante
cuando se observaba que carecía del don de la elocuencia y que no tenía facilidad de palabra;

cuando era evidente
que se le escapaban los nombres propios en el momento que iba a utilizarlos de forma parecida a cómo se le disparaba hacia afuera la lengua mientras hablaba.

Y, a pesar de ello,
conservaba los hilos de los afectos y cuando estaba alegre –y el aura de su cara lo expresaba- la formulación de las frases,

su encadenamiento, el tono
–fuesen comprensibles o no, completas o no, reiterativas o no- reproducía el modo de la conversación jubilosa o irónica anterior al proceso de pérdida;

las huellas de la antigua normalidad
parecían persistir en él sobre todo en los mecanismos de lo tonal, en lo más corporal o carnal de la expresión.

La alegría produce un complejo entramado
entre afecto, expresividad y tono.

Y Licinio era, ante todo,
un hombre de suerte que supo aprovechar los momentos alegres.
                                                                 Johann R. Bach


26 abr 2015

Sus ojos se abrieron sorprendidos y alegres:

NO QUERÍA COMER COMO LOS HOMBRES

 

La primera vez

que vino a mi consulta la vi encerrada, acurrucada como en un espacio rugoso y oscuro

 

como un interior de corazón.

 

No puedo más –me dijo-

estoy moribunda, ovillada en un lugar propiedad de mi marido, habitable sí, pero mortal, como un corazón.

 

Me siento –confesó-

cada vez más pequeña. Miro al cielo y la luz sobre el puente y los árboles es una luz de invierno;

 

el agua corre, densa,

cuando me baño y los pies levemente se hunden tocando el fondo de la bañera como si caminara por la orilla del mar:

 

me siento mal

aunque sé que el agua de la bañera es insuficiente para ahogarme.

 

Le di diez gránulos

de la Píldora de la Felicidad. Sus ojos se abrieron sorprendidos y alegres: ya no veía el panorama tan oscuro.

 

La segunda vez

que me visitó se sentó sonriente frente a mí y me dijo. Me salvaste la vida. Ahora quiero que me des algo para adelgazar, algo que me quite el apetito;

 

no quiero –continuó-

seguir comiendo como los hombres.

 

Nunca una frase tan sencilla

me había sonado tan femenina.

 

                                                                     Johann R. Bach


La universidad acabó y la dulce niña –ya licenciada- ha de emigrar a una isla grande y con muchos empleos

LA MARCHA DE LA LICENCIADA

 

A punto de amanecer

el cielo está encapotado y ella no tiene sueño. Sale al jardín y se sienta en el viejo banco de piedra.

 

A cierta distancia

unos ojos de cuero observan con indulgencia y cierta tristeza. Parece –piensa la abuela-

 

una virgen del siglo XIII,

altiva y sola; en todo el pueblo no hay ninguna como ella.

 

Por el prado descienden

las flores esmaltadas, las hojas de los árboles tintinean contentas porque se aproxima la lluvia y

 

el rojo de las amapolas,

extraño como un incendio compite con el del aluminio de la mesa redonda grabada con extrañas marcas como de arañas.

 

La luz del amanecer

empieza a lanzar sus hilos y acarician su rostro más luminoso que el paisaje.

 

A su izquierda hay un tejo

y sobre una de sus ramas está situado un halcón que anuncia que el alma está lista para emprender el vuelo.

 

Al fondo se ven las lucecitas del pueblo.

Aunque el autobús aún no habrá salido de su hangar su motor estará calentándose con su "run-run".

 

La abuela reemprende su tarea de ganchillo.

Los gestos necesarios para hacer puntillas para sábanas resultan cada vez más difíciles por la artrosis en sus largos dedos agudos.

 

Éstas de arañas –se dice a ella misma

mirando sus industriosas manos- son las que tantas y tantas riquezas han creado.

 

La abuela siempre pensó

que su hijo había muerto por la picada de una araña, pero realmente, la causa de que abandonara el trabajo en la mina fue una endocarditis aguda.

 

El médico de la mina

se lo había dicho varias veces: el corazón de su nenín se fue haciendo grande, grande… de forma que ya no cabía en la caja.

 

Fue por la miseria.

 

Ella y su hija ya viuda

traían brazadas de habas a la cocina para deshacerlas allí y con ellas venían las arañas. Todo era trabajar y trabajar.

 

No todo era triste:

una preciosa niña de grandes ojos de pájaro desarbolado, frente despejada y sonrisa ajena a las penurias ensayaba con su redonda caligrafía el dibujo de su nombre.

 

La universidad acabó

y la dulce niña –ya licenciada- ha de emigrar a una isla grande y con muchos empleos.

 

Sentada  ahí en el jardín

parece una virgen del siglo XIII y no es de extrañar que su madre, premonitoriamente, le pusiera el nombre de Victoria.

 

Las casas vecinas apagadas están huecas,

muerden estopa y acuclilladas esperan el retorno -incierto- de sus hijos o nietos.

 

En el caso de la abuela

de los ojos de cuero la fatiga y el gozo, suspende la condena semejante a las otras casas porque

 

piensa en lo más profundo de su pecho

que si hubiera una vida en la que ser dichosos sería allí.

 

                                                                   Johann R. Bach