3 dic 2016

Se quedó inmóvil, por miedo que un solo movimiento destruyera aquel placer que estaba experimentando.


ESCARABAJO OJOS DE TÉ

-¿Qué te parece amigo Quentin
esta banda de jazz que hemos contratado para La Fiesta de las Mansardas?

-Es la fiesta más alegre de todas cuantas he tenido la suerte de vivirlas pero ¿quién es Rosa aquel personaje vestido de negro de arriba abajo y que baila tan alegremente junto a la banda?

Su nombre es Bruno
aunque es más conocido mundialmente como "Escarabajo Ojos de Té" el químico que ha estudiado las aportaciones de los insectos a la Medicina del Mundo del Ápex.

Si aún estás en disposición de escucharme durante unos minutos más te cuento su historia:

Una tarde después de volver helado por la nieve,
y como no podía calentarse rápidamente se había puesto a leer en su habitación bajo una pequeña lámpara. Quinta tras quinta la tos no le da un minuto de cuartel: su asma se agravaba con la humedad formada al fundirse la nieve.

Su lamentable estado me conmovió.
Le preparé un té y le tosté unas rebanadas de pan de una baguette. Con avidez mojó una de aquellas tostadas en el té y en el momento de ponérsela en la boca sintió cómo, reblandecida, impregnaba de un gusto especial el paladar de forma que tuvo la sensación de que un aroma de geranios y naranjos de luz extraordinaria que le sumía en un estado de bienestar hasta entonces desconocido.

Se quedó inmóvil,
por miedo que un solo movimiento destruyera aquel placer que estaba experimentando. Sin dejar ni un momento aquel pedazo de pan empapado de té que parecía producir tantas maravillas, de repente, los tabiques estancos de su memoria debieron ceder y acudieron a su lóbulo frontal los veranos que había pasado en una casa de campo con sus mañanas colocándolos en hilera la carga insensata de las horas del membrillo.

Y entonces,
con el sabor de aquella tostada reblandecida con té, debió hacerle recordar también cómo después de haberse vestido, bajaba a la cocina donde todos tomaban rebanadas de pan empapadas de té.

Y cuando aquellos veranos casi olvidados hubieron ya pasado, la sensación de las tostadas reblandecidas al impregnarlas con el té, Bruno la reconoció como uno de los refugios donde las horas muertas –muertas para la inteligencia- que se arrinconaron y que sin duda no hubieran vuelto a aflorar nunca más si aquella tarde de invierno, habiendo regresado a estas mansardas helado por la fría nieve, no le hubiera propuesto prepararle aquel té con tostadas a las que estaba ligada la resurrección en virtud de un pacto mágico que yo no conocía.

Sin embargo,
no todo era atribuible a la magia de los recuerdos: al destapar la tetera descubrimos que en su interior se había cocido un "escarabajo ojos de té" criatura que había viajado desde los campos de té de Ceylán hasta París.

                                                                                 Johann R. Bach


1 dic 2016

la angustia es esqueleto y corazón, ciudad y bosque, basura y magia, íntegro desierto,


LA ANGUSTIA DE QUENTIN

En el cielo de la madrugada del Boulevard Raspail
la música del Saint Germain Quartet continuaba animando la Fiesta.

Veo Rosa –decía Quentin entusiasmado-
que te has convertido en la auténtica Guardiana de las Mansardas; ya todos reconocen que eres un alma de costados profundos, de habitaciones calladas detrás de tus labios de arcilla.

Es casi una obviedad decir que Allí Abajo
la vida no puede ni quiere arriar velas,

vida, sí, a la que los vientos devuelven fatigada,
con la médula hecha fosfatina, al corsé de la orilla de unos mares cada vez más salados, no obstante siempre dispuesta a saltar por encima del entorpecimiento, vida, sí, cada vez más guarnecida, cada vez menos paciente, con el mal, por todas partes, entablando batalla contra su remedio.

Los fantasmas de todo pelaje
multiplican los consejos, las visitas como vulgares inspectores de hacienda, fantasmas cuya alma empírica sólo es un montón de secreciones y neurosis metidas en un zurrón que tiene más huesos que un saco de nísperos.

Sí, sí Rosa, no pongas esa cara:
en el Planeta Tierra se da por supuesto que los muertos inhumados llevan nueces en los bolsillos y que el nogal acabará surgiendo algún día de forma fortuita.

Y es que no hay remedio:
la cabeza del ser humano surca la galaxia de lo absurdo e insiste tozudamente en hacer lo que es incapaz de imaginar.
-¿Y en qué lugar colocas amigo Quentin
la angustia de tantos seres que sufren sin saber bien por qué?

-Creo Rosa que tienes razón
al decir que no saben muy bien el porqué de su angustia, aunque no estoy seguro de que tengan algún interés por saberlo.

Viendo la alegría, en parte contenida,
en esta Fiesta de las Mansardas parece que la angustia es algo a extinguir cuando a adormecer en esos mundos aprisionados en la burbuja del dios Kronos y, parafraseando a Ermessenda, diría, yuxtapuestamente, que

la angustia es esqueleto y corazón,
ciudad y bosque, basura y magia, íntegro desierto, ilusoriamente vencida por los analgésicos, victoriosa, muda, señora de la palabra…, mujer de todo hombre.

Miro, escucho y admiro a esos músicos
cómo sonríen mientras le meten ímpetu a los instrumentos para dejar a un lado los residuos de la contumaz angustia. Comprendo mejor al verlos en su entusiasmo que en la Escalera de Mármol no hay sitio para la Belleza alegre. Todos los escalones son para la Belleza donde la angustia es ya olvido.

                                                                                          Johann R. Bach

30 nov 2016

¡Húndete en lo desconocido que excava! ¡Obliga al vacío a retorcerse como un gusano!


LA ESPERA DE HILARIO

No sé qué será de ti Hilario
cuando al despertar a medianoche no sepas qué hacer de esos minutos eternos que retrasan el amanecer. Por eso te escribo amor.

Tampoco sé cómo sufrirás
al no saber qué hacer de tantas y tan largas noches, de horas y horas geométricamente iguales; sin fecha fija como el brote de la almendra que ha de romper la reacia dureza de su cáscara. Por eso te envió palabras de consuelo

Veo cómo declina, en ti amor,
la esperanza, vena de una mañana que vuelve una y otra vez inútilmente como el gesto de los seres que te rodean almas atrapadas en las mallas de una espera que las corroe como un ácido.

Tampoco puedo saber
cuánto tiempo tardará ese corazón tuyo que bate con fuerza en romper tu pecho como el mar rompe su orilla, eso que no se ve.

Y es que aquí Hilario de mi vida
todo ocurre como si la existencia no fuera más que un dormir desengañado a la espera que germine… algo nuevo.

Sabes que viví junto a ti
el minuto de la felicidad y del placer absolutos. Yo era una colmena que echaba a volar hacia las fuentes de la altura con toda su miel y todas sus abejas. Te lo digo para que lo recuerdes… lo mismo que yo…

Aún te espero amor
para que vuelvas a experimentar otro de esos minutos maravillosos aunque tu duda se halle en el origen de toda grandeza. Semejante duda no es más que genio. No hay que confundirla con lo incierto provocado por el "desmigajamiento" de los poderes de la sensación.

Una mano gigantesca
nos transporta sobre su palma hacia el Mundo del Ápex. Cada una de sus líneas califica nuestra conducta. Y ahí permanecemos como planta que arraiga en su suelo, aunque mi estación no sea de ninguna parte.

El mundo se te hace pequeño
y cada vez se hace más difícil albergar en él un corazón como el tuyo… en constante crecimiento… con sus latidos desbordantes de un amor que llega hasta esta Escalera de Mármol.

No desesperes Hilario
nuestro amor no morirá. Tu audacia fue una verruga, tu acción, una imagen especiosa, coloreada por trato de favor.

¡Húndete en lo desconocido que excava!
¡Obliga al vacío a retorcerse como un gusano!

Entretanto yo seguiré a tu lado
como una estrella que se ha de encender en tu frente cuando tú lo decidas.

                                                                                                  Johann R. Bach


29 nov 2016

... al saltamontes que taconea y cuenta su ropa tendida,...


LA ESPERA DE LILA

Quentin, en voz baja,
interesándose por la dama que frente a él escucha al Saint Germain Quartet pregunta a Rosa si ha venido sola a la fiesta.

-Su nombre es Lila,
y es una de las personas más inteligentes que ha habitado en estas mansardas. A veces la lucidez es la causante de las heridas más cercanas al sol.

Le gustaba escribir
y se apasionaba con los más variados temas matemáticos. Cuando llegó aquí alcanzados ya los cincuenta comenzó su toma de conciencia de que nada es lo que parece y que esa paradójicamente verdad era la causa de la herida en su costado. Una herida que solamente se atenuaba con la esperanza de la lejanía de no formulada -en tiempo y espacio- pues su marido había iniciado una serie de pleitos reclamando sumas millonarias.

Aquí –decía-, en estas humildes mansardas,
había encontrado una paz similar a la de los pequeños pueblos cuya belleza frágil carece de veneno: evocaba en cosas que escribía en un diario de tapas rojas al ratón de campo, a niños de rodillas llenas de rasguños perdidos en la quimera de la hierba, al grillo como la criatura más mansa, al saltamontes que taconea y cuenta su ropa tendida, a la mariposa que simula ebriedad y pone nerviosas a las flores con sus hipos silenciosos, a las hormigas a las que la vasta extensión verde hace sentar la cabeza…

Sus dos hijos ya mayores
se desentendían de sus problemas y raramente hablaba con ellos. Ante esa situación solía decir que había llegado la hora en que las ventanas de estas mansardas se escapaban para ir a encenderse al extremo del Mundo del Ápex donde va a despuntar necesariamente nuestro sol.

Aquí conoció a Hilario un calderero
que llegaba agotado a su habitación después de estar soldando tubos durante toda la jornada a la intemperie. Pelado de frío se metía en la ducha y Lila a duras penas lo mantenía despierto hasta secarlo con una toalla caliente. Hilario se sentaba, desnudo, en la silla de su escritorio mientras se tomaba un café doble. Tardaba en reaccionar y sin escatimar caricias y besos desnudaba lentamente a Lila. "Me vuelve loca –me confesaba- cuando derrama el semen sobre mi pecho y lo extiende con esas manos llenas de callos y ternura sobre mis pezones convirtiendo todas esa proteínas en deliciosa nata"…

Quentin, no te la mires con esa insistencia,
pues igual que tú… espera. Ya sabes… todavía es demasiado pronto para que venga Hilario a la Fiesta de las Mansardas… aunque, sin duda, vendrá.

-Quentin, escucha la música de jazz
mientras esperas tú también…

                                                                                        Johann R. Bach


27 nov 2016

BUENAS FIESTAS A TODOS, en espcial a Suma't


CATALUNYA PAISAJE DE POETAS

Siguiendo las huellas de nuestros escritores
hilvané entre sí, con fino hilo de platino, mis ideas y "me sumé" a los que quieren engrandecer la presencia de Catalunya en el mundo.

Ese nuevo curso que la vida nos obliga,
sin alharacas, a tomar al equinoccio por la muñeca aleja la violencia y la miseria espiritual de las guerras de forma que sólo el oráculo poético sobrevive.

Cada día que pasa es una página leída,
una herida, rodeada de poesía, que quiere cicatrizar.

Poeta catalán –me dirijo a aquellos que me conocen-
es aquel poeta que quiere serlo.

Así miles de poetas nacidos fuera y dentro
de este país de montañas, mar y viento propios unen sus convicciones y abarrotan de bellas leyendas nuestras noches y

aún con los brazos cargados de ortigas
se disponen a facilitar con metáforas de vivos colores el echar los dados: experimentar la gracia, o no, en este paisaje de olivos y almendros, de mar y pinos, de vientos y palacios emblemáticos…

de belleza en cien lenguas expresada.

                                                                                     Johann R. Bach 

25 nov 2016

¿Quién sabe si cada criatura no ve las cosas de modo diferente a las demás...?


QUINCE MEANS QUINCE

Nacida con un oído excepcional
que me permite oír la menor vibración musical y unos ojos dotados de una agudeza extraordinaria, en medio de visiones colosales, si todas las cuales guardaran sus proporciones en relación a mí una sencilla Migale lasiodora no me parecerían ni más grandes ni más pequeñas de lo que me parecen en esta Fiesta de Mansardas.

Imaginémonos un mundo
reducido a las dimensiones del espacio euclidiano limitado por los dominios de mis Siete Telarañas con todas las cosas reducidas en proporción, los habitantes de ese mundo suponiéndolos dotados de órganos como los míos, lo percibirían todo en la misma forma y proporciones como las percibo yo; temblarían ante la posibilidad de una mordedura de una hormiga. Todos vivimos en el mismo mundo aunque en espacios adecuados a nuestra propia escala.

Sin embargo siempre surge en mi cabeza
una pregunta sin respuesta clara: ¿Quién puede negar que vivimos todos en un mundo microscópico y la factura de nuestros ojos nos hace verlo del tamaño que lo vemos como si estuviéramos impregnados con polvo de platino?

¿Quién sabe si cada criatura no ve las cosas
de modo diferente  a las demás y no oye de modo diferente cada sonido y sólo la lengua, la nominación idéntica de un objeto -que sin embargo uno ve así y otro de otro modo-, los une en el entendimiento? "Milk means milk, quince means quince"(1) –dicen los británicos.

¿El idioma?
¿Es el idioma el responsable de una posible confusión? No. Quizá cada palabra suena distinto en los oídos de distintas criaturas, sólo el individuo que permanece siendo el mismo, la oye de una misma forma.

                                                                                              Johann R. Bach

Nota de la propia narradora
(1)"leche significa leche, membrillo significa membrillo"

...la soledad la transmite Francia, y el dolor de la herida, se contagia desde el Oriente.


SEGUNDO Y LA JUEZA

¿Y ese joven abrazado a esa señora de tan corta estatura?
Sonríen –dice Carmen la vecina de la habitación contigua de Antoin y Rosa-, se miran a los ojos, se mueven contorneándose como en una danza eterna y parecen ajenos a la felicidad del resto de esta fiesta.

Ella es Sylvie
–oigo, desde mi rincón, sobre la tubería del agua caliente, cómo contesta Rosa-, una jueza considerada naïf por sus compañeros de carrera debido a su exagerada cifosis. Él es Segundo un muchacho que estudió geología. Su historia es, según me contó Ermessenda, la siguiente:

Segundo había acabado sus prácticas
de final de carrera en los Pirineos: Su trabajo había consistido en lanzar una sustancia colorante en los surcos subterráneos y descubrir su recorrido al aflorar el tinte aguas abajo. Con una "carraca" (pequeño aparato decantador) analizaba la composición mineral de las aguas ocultas. Decidió ir a París haciendo auto-stop y para ello atravesó el Port de la Bonaigua a pie a pesar de que aquella noche había nevado un poco.

El cielo había encanecido de nubes,
el viento frío había comenzado a sacudir y a hacer gemir y a las diaclasas(1) heridas aún no cicatrizadas de la piel de la emblemática montaña. Serpientes rojas y azules, fulminando, rompían la falda negra de las nubes, las aguas parecían ladrar en el fondo del valle, mientras que el trueno cantaba profundamente como un profeta de la perdición. Entre aquella súbita oscuridad densa e impenetrable, Segundo vio como una sombra plateada blanqueaba el paisaje y la pelusilla, ya amarilleada como oro despeinado, parecía levantar las manos. Era el "Tiburón" de Sylvie que se había detenido junto a él. El cristal de la ventanilla descendió y la dama se ofreció a llevar a algún lugar civilizado a aquel joven geólogo que ya estaba arrepintiendo de haber escogido aquel día como inicio de su viaje.

Segundo no lo pensó dos veces,
ocupó el asiento junto a aquella amable mujer y sintió cómo el calor le reconfortaba. Serpenteando por la carretera vio con preocupación cómo en el cielo, las nubes se rompían en pedazos y amenazaban con una gran tormenta. Tuvo la sensación que huía hacia otro mundo con una mujer que parecía tranquila ante las inclemencias del tiempo.

¿A dónde te diriges –le dijo Sylvie-
y cómo se te ocurre ir a pie por una carretera solitaria con este tiempo de perros?

-Sin mirar siquiera a la conductora Segundo contestó:
"he acabado mis estudios y me dirigía a Vielha y desde allí haciendo auto-stop, pretendía continuar viaje hasta París…, pero con este tiempo…".

-Yo también -¡qué casualidad!- voy camino de París,
si quieres puedo acercarte hasta Lyon… o quizá algunos kilómetros más. Todo depende de la hora de llegada.

Segundo, agradablemente sorprendido,
accedió no sin antes agradecer por tres veces a aquel ángel bienhechor. Se relajó y comenzó a explicar cómo había pasado aquel verano, trazando mapas en solitario sobre unos paisajes idílicos moteados de tomillo y romero. Ella explicó que había estudiado derecho en una época en que el mundo era optimista, y que, sumergida en el laberinto de las leyes, la vida se hacía cada vez más incómoda.

La carretera serpenteante
bajo una tormenta de aguanieve se hizo larga hasta que no alcanzaron la National 20 ruta amplia en muchos tramos en los que se podía alcanzar la velocidad de ciento treinta kilómetros por hora. El flamante "Tiburón" se tragaba las distancias con facilidad y hacía del viaje un paseo sobre el mar. Eran tiempos en los que Francia aún no había comenzado a construir autopistas. Durante ese trayecto Segundo ya se había fijado en la imagen de Sylvie.

No era lo que se dice atractiva
aunque su cara tenía la dulzura morada y blanca del mármol en la sombra. Sus rasgos aunque un poco marcados no eran secos y sus ojos, cortados como almendras, tenían la intensa voluptuosidad del terciopelo negro y nadaban en sus órbitas; una sonrisa fina y con todo llena de inocencia le pasaba por su mirada el espectáculo del idílico paisaje de la carretera. Además con aquella espalda encorvada que casi rozaba el volante, le parecía sentir, los latidos de un corazón de oro como el de la Esmeralda de Nôtre Dame de París.

Faltaba poco para el mediodía
cuando Sylvia detuvo el auto en un restaurante en cuya explanada había decenas de camiones. "Donde hay camioneros –dijo con alegría la conductora- la comida es buena y barata. Vamos te invito a estirar un poco las piernas y a comer algo". Hasta ahí todo le pareció completamente normal y estuvieron charlando en la mesa como si se conocieran de toda la vida.

Los acontecimientos cambiaron de rumbo
cuando después del último vaso de vino Sylvia propuso hacer una corta siesta en el motel adjunto al restaurante. De repente Segundo sintió en su estómago algo extraño mientras que involuntariamente su pene ganaba tamaño mientras observaba aquellas torsiones de Sylvie mientras intentaba abrir, nerviosamente la puerta de la habitación asignada. El cuerpo de Segundo empezó a experimentar una extraña reacción: así, sin más, le fue subiendo poco a poco la temperatura y sintió que las fosas nasales se le dilataban. La boca se le llenaba de saliva y al tragarla surgió de su garganta un sonoro "glup".

Por alguna razón
le picaban los lóbulos de las orejas. Y el órgano reproductor que durante todo el viaje había colgado desmañadamente, se tensó, se hizo más largo y grueso y acabó por alzarse. Debido a ello, en la parte baja de su vientre se formó una protuberancia. No comprendía cómo había llegado hasta la misma puerta de la habitación casi sin apercibirse de las intenciones de aquella educada Dama.

Cuando Sylvie torcía el cuerpo,
mientras abría la puerta de aquel improvisado dormitorio, sus brazos rotaban en las tres dimensiones, como una persona que practicara un estilo de natación peculiar. Y por alguna razón desconocida aquellos movimientos excitaban más y más a Segundo que se estremecía como si fuera la primera vez que estaba con una mujer.

Torpemente, le preguntó a Sylvie por esos movimientos.
Ella, un poco contrariada contestó: ¿retorcerme? ¿Te refieres a esto? –e hizo una demostración de la contorsión. Es el sujetador que me viene pequeño. Sólo eso. Sí, el sujetador. ¿Te enteras? ¿O acaso te parece raro que una chica jorobada lleve sujetador? Eso, que sepas que yo también tengo mis dos tetas. No soy una vaca, es cierto, ni me apetece llevarlas bamboleándose al andar. Como tengo esta constitución, el sujetador no se adapta bien a mi cuerpo. La forma de mi cuerpo es un poco diferente a la de una chica normal. Así que de vez en cuando necesito retorcerme y corregir la postura. Ser mujer es más duro de lo que te imaginas y no pocas veces la crueldad de algunos hombres mofándose de mi figura se hace insoportable.

Segundo cogió la mano que le tendía Sylvia
y la siguió hasta el lecho donde se tumbaron sobre la colcha como sin prisas. Sé lo que piensas –dijo Sylvia mientras se desnudaba- tienes curiosidad por saber cómo será follarse a una jorobada, ¿no? No le faltaba razón, pero, sorprendentemente, la excitación no cedía. Ella seguía hablando mientras acariciaba los cabellos del geólogo: "todavía hay gente a quien, a pesar de que el mundo está resquebrajándose, le preocupa si una chica es jorobada y la menosprecia por un estúpido sentir estético".

En esa época Segundo se empalmaba
con que apenas soplase el viento de poniente. ¿Quién es capaz de prever las sensaciones que pueden derivarse del hecho de acariciar una espalda redondeada con una mano mientras que con la otra se recrea en un pubis cuyo vello como una piel de astracán se extendía hasta el ombligo y también muslos abajo? "Déjame besarte –le decía Sylvia- como hace tiempo que no lo hago. En este mundo, todo suena de distinta manera. La forma de tener sed es distinta en cada persona. La mía es una sed antigua y casi inextinguible por ello te pido que me dejes beber en tu cántaro".

Después de quedar en parte saciados,
Segundo le confesó a Sylvia que también a algunos hombres solteros la vida no se les presentaba fácil. "A veces me siento –decía- como una alfombra persa de tonos claros, y la soledad, la mancha del Burdeos que nunca se eliminará". Ella corroboraba esa realidad diciéndole que la soledad la transmite Francia, y el dolor de la herida, se contagia desde el Oriente.

¿No estaremos haciendo algo ilegal
–preguntó Segundo al saber que Sylvie era una mujer casada? No temas, soy jueza de la Court de París y conozco bien la ley. Por otra parte mi marido, aparte de padecer estrabismo ocular y psicológico, es impotente y nunca jamás me ha penetrado obligándome a satisfacerme sexualmente yo misma porque no es capaz siquiera de acariciarme.

Después de dos días
sin salir prácticamente de la habitación, reanudaron el viaje hacia París. Ella era uno de los propietarios de este inmueble y al llegar aquí introdujo a Segundo en el ascensor de la escalera de servicio entregándole una llave con el número siete diciéndole que le esperara porque iba a aparcar el auto y dejar en la conserjería el equipaje.

Meses más tarde Segundo
se preguntaba dirigiéndose a Antoin y Rosa después del accidente fatal sufrido por Sylvie: "¿Habría arrojado su muerte una especie de sombra sobre mi ser? Tal vez le contara a su marido que mis genitales eran bonitos. Cuando estábamos en la cama, pasado el mediodía en aquel motel me decía sosteniendo mi verga en la palma de su mano como si admirase una joya incrustada en una corona real hindú: "Es precioso". Aunque yo no sabía si hablaba en serio el halago me excitaba hasta el punto de volver a penetrarla una vez más. Yo creía en sus palabras puesto que ella tenía unos criterios raros, muy diferentes a los del resto de la gente.

Con una tristeza infinita
Segundo abandonó su habitación y nunca más volvimos a saber de él. Por eso estamos tan contentos de que haya acudido a esta Fiesta de Mansardas.

                                                                                           Johann R. Bach

24 nov 2016

¡Bones Festes!


CATALUNYA PAÍS DE NEU

Sortiran a jugar amb la neu.

Aquests nens carregats sobre les teves espatlles
són alhora la teva càrrega i la teva ocasió, el teu horitzó.

Terra de muntanya on crema la calèndula
i de camps d'oliveres i vinyes, de magraners i ametllers;
terra de pins acariciada per l'escuma de Posidó,
per vents de Tramuntana, Cerç, Mestral o Garbí;

Catalunya no els cansis de tu,

Mantén-te entre flor i frontera;
sigues per a ells bressol i paradís.
                                                                                         J. R. Bach

22 nov 2016

Ermessenda dejó atrás la niñez cuando se enteró que era catalana


LA SICALIPSIS DE ERMESSENDA

Dime Rosa –preguntó Quentin-
¿podrías resumir en pocas palabras lo que fue la vida para Ermessenda?

-Cualquier opinión, biografía o tratado sobre Ermessenda
pecará de parcial aunque yo diría algunas cosas que los biógrafos de La Escalera de Mármol no han tenido en cuenta al escribir sobre ella:

Ermessenda dejó atrás la niñez
cuando se enteró que era catalana: en la escuela le contaron un chiste sobre los catalanes y no le hizo gracia.

Sepancuantos de civil tintero(1)
que durante la edad madura la palabra tabú de Ermessenda –según me confesó ella misma- era "dilúculo"(2) última de las seis partes en que se divide la noche, momento en que vaciaba la carne de todo icor.

Años más tarde
aquella escritora maravillosa que fue Ermessenda, si no senil, se volvió senescente, se sobreponía a las flaquezas de la carne, completaba el giro y examinaba a los muchachos desde los cuatro puntos cardinales.

Empezó Ermessenda –creo- el viaje hacia el Ápex
cuando habiendo leído ya todos los libros como Mallarmé y teniendo a su disposición todas las respuestas nadie en el Paneta Tierra le quería hacer preguntas…, nadie… y, sin embargo, su sicalipsis(3) estaba intacta.

                                                                                             Johann R. Bach

Notas de la narradora
(1)      Lope de Vega emplea esa expresión en "A la Braveza de un Toro
         que rompió la Guarda Tudesca.
(2)  tomada de la novela "El Licenciado Vidriera" de Miguel de Cervantes.
(3) Picardía erótica (Emilia Pardo Bazán en "La Boda"

19 nov 2016

incluso al mono le llega el día en que falla y no logra aferrarse a la rama.


MÁXIMO EL MUJERIEGO (1)

Oye Rosa
¿quién es esa alma en pena que está sentado en el rincón del lavabo y por qué lleva ese gorro de lana que le tapa hasta las orejas si aquí no hace frío?

-Es Máximo.
Estuvo hospedado aquí en estas mansardas durante unos meses. Era callado y taciturno. No iba mal vestido, se comportaba correctamente y no parecía mala persona. Con el gorro de lana tapa el agujero que le causó una bala en la cabeza. Es una historia la suya en la que aún quedan algunas sombras por disipar.

Para Máximo,
tener al mismo tiempo dos o tres "novias" era algo normal. Puesto que ellas tenían a sus maridos o a sus parejas, daban prioridad a esa parte de sus obligaciones y, como es lógico, el tiempo que le dedicaban a él era reducido. Por eso mismo a Máximo le parecía muy natural, y nada desleal, tener varias amantes a la vez. Aunque, claro, a ellas se lo ocultaba. Su postura consistía en mentir lo menos posible sin revelar más información de la necesaria.

Afortunadamente, aún no le había ocurrido nunca
que el marido o la pareja de una de sus novias se enterase de las relaciones y se montase un drama, o que Máximo se viera en una situación comprometida. Hombre precavido por naturaleza, a ellas les aconsejaba ser lo más prudentes posible. Sus consejos podían resumirse en tres puntos básicos: no meter la pata debido a las prisas, no seguir siempre las mismas rutinas y, cuando hubiera que mentir, contar mentiras lo más sencillas que se pudiera (respecto a algunas mujeres, eso era como enseñar a volar a una gaviota, pero por si acaso).

Tras haber mantenido
ese tipo de relaciones tan artificiosas con tantas mujeres durante tantos años, sorprendentemente, se casó con una mujer que, habiendo abandonado a su marido, llenó toda su casa al darle dos hijos. La mujer lo dio todo por él pues estaba locamente enamorada. Al principio Máximo se comportó como un buen padre de familia tardando cinco años en volver a las andadas. Guardaba la misma discreción de siempre, pero incluso al mono le llega el día en que falla y no logra aferrarse a la rama.

Tuvo la suerte de mantener relaciones amorosas
con una vecina de diecisiete años, poco cautelosa, y, como es natural la esposa acabó enterándose del asunto. Los celos llevaron a aquella mujer despechada a la consulta de un abogado. A aquél no se le ocurrió otra acción que acusar a Máximo ante los tribunales por estupro. El juez, a pesar de que la muchacha declaró que sus relaciones con el acusado eran consentidas, dictó sentencia condenatoria de seis años de prisión.

Aquella condena, al ser superior a los cinco años, daba a la mujer el divorcio directamente y, por la misma razón, la empresa donde trabajaba vio la oportunidad de despedirlo sin más. Todos salían ganando: la esposa quedaba libre, la empresa no tendría que cargar con la obligación de pagar la seguridad social durante años, el juez un marciano de turno iniciaba una carrera brillante, el abogado cobró sus honorarios, el fiscal conseguía su enésima condena y sus jefes lo felicitaron por tal "heroicidad"; y, de momento parecía que el único perdedor era Máximo que perdió aparte de la libertad, una familia y un empleo.

En el barrio se siguió con interés
toda aquella historia hasta que, encerrado en la cárcel Máximo, los vecinos dejaron de tener información sobre el caso y la cosa pareció caer en el olvido. Sin embargo cuatro años después se produjo un asalto espectacular a un banco muy importante: los atracadores se hicieron fuertes en el interior reteniendo a clientes y empleados. La policía había rodeado toda la manzana y se preparaba con toda clase de precauciones para que el asunto no acabara en una masacre. A uno de los atracadores se le ocurrió asomarse a una de las ventanas altas, circunstancia que fue aprovechada por un francotirador de la policía apostado en un terraza de un edificio situado al otro lado de la concurrida calle, y, de un solo tiro, abatió al atracador.

Después de varias horas de negociación
con los atracadores se produjo una estampida de clientes y empleados que arrastrándose alcanzaban uno a uno la boca del metro donde la policía les tomaba la filiación para distinguir quién era atracador y quién no. Todo el mundo siguió por los periódicos el relato de los hechos, pero donde cayeron con mayor repercusión fue en el Barrio de Máximo pues él fue el abatido.

Máximo debió,
en su desesperación de haberlo perdido todo en la vida, asociarse con aquella extraña banda que nunca dejó claras sus intenciones… Perdió, en aquel atraco, también la vida, sí, pero aquellos dos hijos que dejó huérfanos ¿con qué sentimiento debieron aprender a convivir al conocer el origen y final de la historia del padre?

En cuanto a Máximo, ahí lo tenéis,
ocultando, con un gorro de lana, el agujero por donde le volaron los sesos: incapaz de articular palabra, tampoco quiere estar sólo en esta noche de fiesta.

                                                                                 Johann R. Bach

(1)      Nota de la araña narradora:
         Cualquier parecido con la vida real será mera coincidencia.

17 nov 2016

Leyendo a Ermessenda aprendí que la emoción es todo en la vida y aún más allá


SEXO SALVAJE

Miles de estridentes carcajadas estallaban
mezcladas con música de jazz ya exenta de humo de tabaco en aquel angosto pasillo de las mansardas del 13 Bd. Raspail. Nunca tantas almas se habían reunido en un espacio tan reducido. Nunca había visto un alma sencilla como Rosa por ejemplo, hacer un comentario tan profundo sobre una escritora prolífica como Ermessenda. Yo os lo cuento todo tal y como se lo oí decir a Rosa hablando con Quentin.

Rosa, echando largos tragos
de naranjada con calvados, le comentaba a Quentin que Ermessenda escribía, refugiada, desde su guarida frente al Mediterráneo, en un pueblecito blanqueado de la Costa Brava, el fin del mundo, el silencio otorgado por Poseidón, apenas la certeza de su estilo frente a la soledad y el desarraigo. Allí se sentía como el último habitante de una lengua casi desaparecida, engullida por la vulgaridad, la pedantería, el mal estilo.

¿Pero –preguntó Quentin- a qué llamaba Ermessenda
marea negra del mal gusto?

Ni más ni menos –contestó Rosa-
que a la decadencia de la literatura francesa y sus "afines" la catalana, la gallega, la italiana y, por supuesto, la española, acartonada, amnésica, inerte, una lengua de mercaderes, tocada de muerte como el latín de Ausonio y Rutilio, pero también emblema de una enajenación sexual generalizada, como la de esas frígidas que disertan hasta el infinito sobre el estupro. Porque para ella sólo cabía una Verdad Sexual sexo salvaje frente a la impotencia de sus contemporáneos. A Sartre, A Malvaux, a Gide los comparaba con putas baratas "que no sabían ni hacer una paja".

Ermessenda fue el J'accuse contra su tiempo,
es decir, contra la cretinización de la cultura y la malversación de los recursos de la sociedad a cada instante. Porque sólo el tiempo cuenta el instante y nada más.

Escribir en carne viva, detener el instante,
comportaba en Ermessenda un mensaje directo al sistema nervioso de todos los países de origen latino. El resto, según ella, no era más que palabrería hueca como si hubiéramos sido condenados a una gigantesca Torre de Blablabla. La suya era una sucursal del Mundo del Ápex a punto de ser blanqueado, el cabaret de las almas perdidas. Nada de valses. Escribía a ritmo de jazz: "Te abrazo –dejó escrito-, pobre siervo, Landrú escrofuloso, lenguado lúbrico, lánguida anémona.

¿Sabes Quentin? Algunos escritores
quisieron ser condescendientes con ella e intentaron justificarla: "Es una depravada sexual –decían- aunque escribe muy bien". El argumento clásico no resuelve la única pregunta interesante: ¿Cómo puede ser una persona depravada si es un gran escritor?

La respuesta amigo Quentin,
es una nueva condena a los infiernos de la nada, prohibido hablar de Ermessenda. Pero ¿qué es eso de la nada? Las parcelas de los cementerios contienen más huesos que un saco de nísperos, es decir, algo son; y, si además contienen lápidas con poemas inscritos rodeadas de flores de sus admiradores, entonces estamos ante una obra de arte. ¿Qué se pudra! –decía a coro una muchedumbre de envidiosos.

Escritores de todo pelaje
se apresuraron a presentarla como un simple epígono de Sartre, de Miller, de Faulker y Genet, cuando en realidad era Ermessenda su inventora, quien abrió la puerta de ese "pudridero repleto de novelas peores que el sexo triste y moralizador".

Ermessenda aborrecía la literatura moral,
con su tufo a sacristía progresista, el mantra de los fariseos de todos los tiempos. Su profecía se está cumpliendo: "también –dijo- el griego clásico desapareció durante más de mil años, será así como regresaré de entre los muertos". Por supuesto se refería a ellos, los sumos sacerdotes de la gran literatura: "pálidos esqueletos que en su fiebre de odio se ensañan con un fantasma".

La ultrajaban sin conocerla.

Todo eso que me cuentas Rosa –decía Quentin- me inquieta y al mismo tiempo me emociona agradablemente pues ya sabes que yo fui un escritor un poco superficial, sí, pero honesto, nunca de cartón. ¿Nunca creí, en mi sencillez asistir a una fiesta como esta donde el regocijo de tantas almas relacionadas con las letras se confunde con el jazz y el sexo salvaje?

Ya lo ves amigo Quentin,
por fin se ha hecho realidad el vivir la vida al galope, contar rápido el fondo de la gran estafa colectiva, ridiculizar a tantos cadáveres exquisitos podridos en el altar del Gran Masturbador de Dalí.

Leyendo a Ermessenda aprendí
que la emoción es todo en la vida y aún más allá. Hay que encontrar el pálpito, acertar a transcribirlo o será su fracaso causa de la próxima muerte, un descenso inesperado en la infinita Escalera de Mármol.

¡Vaya fiesta! ¿Os habéis olvidado de mí queridos amigos?
Soy yo, la narradora, una insignificante araña, cuya única habilidad es la de manejar con soltura mis patitas y, gracias a mi diminuta alma me he colado por debajo de las puertas puedo ser testigo de todo lo que acontece en esta fiesta.

No tengo ni un minuto que perder,
voy a cruzar la barrera anaranjada del tiempo en tromba. ¡Al diablo el público! ¡Me voy a meter de lleno en la fiesta! Lector de buena fe lee todo lo que Ermessenda escriba pues yo acabo aquí mi relato porque yo también quiero divertirme.

                                                                                                Johann R. Bach


15 nov 2016

Ermessenda era terrible en sus críticas. Manejaba la palabra como el cirujano el bisturí


FAUNA Y FLORA INTESTINAL DE ERMESSENDA

Oye Rosa –pregunta Quintín-
¿Quién es esa dama misteriosa que habla con tanta elegancia con ese grupo de profesores?

-¿No conoces a Ermessenda?
Es una gran escritora. Ahí donde la ves es un Voltaire sin peluca, un Balzac sin miedo a la miseria, un personaje que rechazó la comedia humana de su tiempo a punta de palabras.

Era el perfecto chivo expiatorio,
una mujer maldita –algo así como la Empar Moliner en el siglo XXI-, una revolucionaria condenada a una muerte simbólica sin apelación posible. Era una mujer sola plantando cara a todo su mundo. Naturalmente con el divino Sartre (y sus existencialistas) a la cabeza.

Mientras algunos escritores,
en señal de rebeldía, deambulaban por África como Rimbaud o por América y de mujer en mujer, siempre en busca de esa Verdad Sexual que identificaban con la esencia de su prosa, Ermessenda intentaba suavizar aquella terrible advertencia que esos mismos autores lanzaban a "los infelices, jodidos de la vida, vencidos y desollados" aunque de sobras sabía que, efectivamente, cuando los grandes del Planeta Tierra comienzan a halagarles es porque los van a convertir en carne de cañón.

Cometió la estupidez –es cierto-
de creer en el pacifismo de los comunistas, pero ahí se acota su crimen. Era –en mi opinión- como una folclórica patriótica en un país de degenerados, lacayos y bastardos decidida a ridiculizar a los sultanes del Jazz de la intelectualidad francesa:

"Sois –solía decir de los escritores contemporáneos suyos-
mi fauna y mi flora intestinal, los oxiuros que me salen por el culo cuando abuso de los dulces, parásitos que vivís a mi costa copiándome mis metáforas, los jueces que respiran por la herida de los delincuentes protegidos, los castrados que envidian mi estilo".

Ermessenda era terrible en sus críticas.
Manejaba la palabra como el cirujano el bisturí. ¡Vamos! Todo lo contrario de cómo soy yo. Ven. Voy a presentártela.

-He oído –os lo prometo-
cómo después de que Quentin hubiera hablado unos minutos con Ermessenda, se ha acercado a Rosa y le ha dicho: "tenías razón Rosa es un todo un personaje. ¿Surgirá otro escritor de verdad como ella?

En caso afirmativo,
los escritores ya encumbrados, me parece, harían todo lo posible por matarlo antes de nacer, preferirían cien traducciones a una voz propia que convoque esa herida sangrante que es su pecado original. Sólo hay que ver cómo se ha puesto Vargas Llosa cuando se le ha otorgado el Premio Nobel de literatura a Bob Dylan.

                                                                                          Johann R. Bach

Elvira hacía dietas draconianas para no engordar, pero lo cierto es que tenía un doble culo imposible de reducir


ANTOINE Y ELVIRA

Hola Ermessenda
–dice Antoin saldando a la escritora que acaba de llegar a la fiesta-, ya creía que no ibas a venir a esta humilde celebración de nuestras bodas de platino.

"Te acabas de perder la mejor exhibición
de la danza apache ejecutada maravillosamente por Gracia y Pierrot, pero pasa, toma una copa y dile a Rosa que te la llene de la bebida que más te guste".

-"No me podía hacer a la idea
de que tú, la persona más importante de nuestras vidas no asistieras a Nuestra Convocatoria".

"Déjame abrazarte.
¿Te acuerdas? Entraste en nuestras vidas justo cuando yo comenzaba a decir "hace un cuarto de siglo…" "hace más de treinta años…" refiriéndome a la vida de Rosa cuando aún tenía problema alguno en la vista, y a mí mismo en una etapa anterior a aquel accidente en el que perdí mi mano derecha".

"¿Te acuerdas?
Yo te había dicho que el año mejor de mi vida fue el mil novecientos sesenta y cinco cuando leí Lady Chatterly y comenzaba a oír música de Bob Dylan y de los Beatles (bastante tarde ya para mí). También te dije que ya sólo faltaba algunas despedidas (entre ellas la mía) de estas Mansardas. El orden, y cómo habían de ser aún no lo sabíamos".

-Sí, sí. Pero dime Antoin
¿cómo vinieron a parar todas esas profesoras a este lugar? Esa es una cuestión que aún no he podido añadirla a mis crónicas.

"Todo empezó con Elvira "una muchachita de Valladolid".
Vino a Paris con un contrato de asistente de lengua española por un año que le otorgó el Lycé Charlemagne. Tuve la ocasión de comprobar que era una persona orgullosa y altanera el día que fuimos a comer al "Corso" un restaurante situado cerca del metro Cambronne, concretamente en la Rue d'Almiral en el que se podía comer un buen "beefteck au poivre" acompañado con un buen plato de "pomme mouselin".

-"Je ne veux que des legumes et pommes de terre,
parce que je ne mange jamais de la viande" (no quiero otra cosa que no sea legumbres y patatas). El camarero se la miró con ojos de incredulidad y por toda respuesta le puso en su mano la carta". Aquello hizo que me sintiera avergonzado y arrepentido de haber llevado a Elvira y sus amigas a un restaurante que tenía como característica la solidaridad dejando que los clientes pagaran lo que buenamente creyeran como necesario.

"En el Corso se podía comer
un día gratuitamente y al siguiente pagar con creces la comida del día anterior. Todos los platos se preparaban a la vista de los clientes y tanto la carne como las verduras eran frescas y de calidad. Estaba regentado por tres matrimonios en régimen de cooperativa y les debía ir bien porque después de cuarenta años seguían allí con el negocio". En un lugar así lo último que se me hubiera ocurrido es mostrarme arrogante y exigente".

Elvira hacía dietas draconianas
para no engordar, pero lo cierto es que tenía un doble culo imposible de reducir sin serrarle su enorme ilion. Era pecosa y su escaso pelo dejaba ver con nitidez su cráneo. Pese a su carácter me dio pena y por eso le alquilé una habitación en nuestras Mansardas.

Mírala ahí en el fondo del pasillo
con su cara de luna, hablando con dos profesores del Charlemagne. Hay que decir de ella que habla muy bien el francés y se esfuerza por superarse, aunque siempre habla con una voz impostada que la hace desagradable.

                                                                                       J. R. Bach