18 may 2015

la unión de un hombre y una mujer en vuelo sin alas sobre la hierba

BAJO EL POLVO DE LA VÍA LÁCTEA

 

He bajado temprano al jardín

y he visto como avanzaba la claridad desde el horizonte y mis pies han notado la humedad de la hierba.

 

Ahí viajan con calma,

bajo el polvo de la Vía Láctea, las primeras luciérnagas. Plantan sus tiendas entre las hojas de las estrellas

 

junto a la lavanda

que florece tan infinitamente azul que parece como si todas las criaturas fuesen pequeñas.

 

Me he sentado a esperar… no sé qué

mientras sueño con una muñeca muy despierta cuyos ojos de cristal son asombrosamente hermosos,

 

imagino que tiene buen carácter,

que su corazón es demasiado grande para este planeta y que es capaz de encender un amor

 

en la hoguera de la Estrella Polar.

Hablo con ella y me da la sensación de que se parece a mí sobre lo que ambos entendemos por dicha irrenunciable.

 

Es como si con nuestra conversación

las estrellas de repente al menor roce se volviesen blandas.

 

Estamos de acuerdo

en que, por desgracia, los defoliantes existen: por ejemplo la dioxina que deshoja árboles y arbustos y aniquila hombres y animales y a los diminutos insectos que colaboran con su biodiversidad.

 

Fumigando cosechas, bosques,

se consigue la caída de la hoja y la muerte en mitad de la más exuberante primavera.

 

He visto la pálida estrella matutina.

Brilla como un cerebro que casi está quemado y usado, demasiado difuso para recordar

 

la unión de un hombre y una mujer

en vuelo sin alas sobre la hierba de este mismo perfumado jardín al calor del cálido lecho casi estival.

 

Cuando los mástiles en el puerto

han comenzado a inquietarse, el viento se ha llevado por delante el apacible aire del amanecer y

 

no he tenido más remedio

que refugiarme con mi muñeca y mis sueños otra vez tras los cristales.

 

                                                             Johann R. Bach


17 may 2015

Precisamente cuando nadie puede saber si las cosas tal como están van a continuar.


¿ES POSIBLE UN NUEVO AMOR?

Como el hierro
en el interior  de las estrellas se vuelve blanco,

aquí en la tierra
puede el cerebro blanquear las neuronas eliminando la tonalidad gris del duraluminio;

como si alguien
hubiese empaquetado el tiempo y lo hubiese lanzado como una simple carta postal a través de

una puerta de un jardín frente al mar

donde una mesa,
un par de sillas y la hamaca no usada de un insomne se desintegran de antemano;

Como si una niebla
más allá del universo observable viajase como querubines permaneces allí en tu rincón observando

cómo los barcos acarician el horizonte,
hasta que sin que ocurran cosas determinadas te levantas y te vas.

Precisamente
cuando nadie puede saber si las cosas tal como están van a continuar.

¿Es posible un nuevo amor?

                                                                     Johann R. Bach

16 may 2015

Montserrat en un haiku


MONTSERRAT                                        MONTSERRAT
El corazón de un paisaje                         El cor d'un país

Con niebla y lluvia                                Amb boira i pluja
no se oculta Montserrat.                       no s'oculta Montserrat.
Vive en mi corazón.                              Viu en el meu cor.
                                                                                                                                                                         Johann R. Bach

15 may 2015

Piensa como un pájaro que construye su nido, piensa como una nube, como las raíces de un viejo olivo,


ME HE ENTERADO QUE VOY A MORIR.

Hasta ahora me he resistido
a reconocer que odiamos más de lo que creemos, más de lo que sabemos y muchísimo más de lo que decimos;

no hay más que ver
cómo interpretamos las palabras: casi siempre como negativas, llenas de agresividad y desesperanza;

no hay más.

Me cansé de polemizar.
Quiero vivir de ahora en adelante; semiahogada y embalada como una cualquiera entre todas

las palomas cansadas
de respirar los gases de los tubos de escape del intenso tráfico, en cuyo último puñado de plumas

el desesperado tiempo gris de la paz
hace precipitarse al ojo del hombre.

Así quiero vivir:
con mi pequeño y grato periodo de lenta desintegración en el interior de mi corazón; y, así quiero despedirme.

Me he enterado de que voy a morir ¡Vaya noticia!

Estaba ya escrito
desde el día que me inscribieron en el Registro Civil, pero hasta ahora mi estúpido orgullo me hacía declarar que eso no estaba demostrado científicamente.

Estudié diferentes ciencias
con el único y secreto objeto de interpretar las aproximaciones a las certezas en favor de mi egoísmo.

Sí sí. No hay duda -me digo a mí misma-,
voy a morir: matemáticos y técnicos de la Sanidad a nivel mundial, han calculado hasta el número de latidos que me quedan.

He pensado detenidamente
–ahora que aún me siento algo lúcida- en cómo encajar esta noticia y me digo ante el espejo de la noche constelada:

Piensa como un pájaro
que construye su nido, piensa como una nube, como las raíces de un viejo olivo,

piensa como piensa cada una de sus hojas
hasta absorber tanta luz que se tiñe de verde;

piensa como piensan las sombras,
como piensa la resplandeciente piel del mar y su camisa a rayas blancas;

Piensa como las crisálidas
que sienten cómo surgen las alas bajo la corteza de sus hombros, como piensan los líquenes sobre una piedra y

un poco de madera podrida.

Miro en un reportaje de televisión
lo banalmente que en el diminuto grano de arena una ingeniosa vida fósil encerrada descansa después del viaje; y,

alucino al percibir con qué tranquilidad
lleva el enjambre desde los comienzos el mar primigenio que, después de tantos años de compañía,

me obliga a mirar la sencillez de un signo
en el que -como en cualquier ser- se refleja la verdad.

Me he enterado de que voy a morir ¡Vaya noticia!

                                                                Johann R. Bach


14 may 2015

El cielo rojo al derrumbarse el sol sobre el mar recuerda a los ojos grises que un día soñaste tú

EL ESPEJO DEL CIELO

 

En el cielo que reenvía tu imagen

desde otro mar está escrito el nombre de la tierra húmeda del país de los hórreos,

 

la sombra gris de los días,

el trayecto de los vientos y el misterio del agua que invade los ríos.

 

El cielo rojo

al derrumbarse el sol sobre el mar recuerda a los ojos grises que un día soñaste tú

 

haciendo crecer en ti

el deseo de esas manos que te han salvado del frío que devasta.

 

A menudo, sin ninguna razón lógica,

sientes que alguien se sienta a tu lado para tocar tu cuerpo, que te explica en silencio

 

el sentido de las cosas,

y, con humildad pides que no sea tan difícil el reencuentro de corazones de distintos mares.

 

                                                              Johann R. Bach


sin paisaje propio y una lengua prohibida.


NO VI ENTUSIASMO EN TUS OJOS

Como si hubieras comido
un arroz negro con la vista,

No vi entusiasmo en tus ojos.
Y no es que no escucharas mis temblorosas palabras sino que

yo mismo no oía mi propia voz
cuando lanzaba al aire la súplica de que me permitieras quedarme cerca de ti.

Tú recogiste el bolo
cargado con mi aliento palabras ahogadas con mi propio tartamudeo, inexpresivas, y recogí en cambio

el vacío que me quedó
entre el eco de la oración y mi oído.

No vi entusiasmo en tus ojos
como si un negro veneno cargado de cinc corriera por tu médula llenándola de indiferencia.

Encallado entre los sucios esqueletos desfallecidos
de barcos sobre una playa desconocida y ardorosa bajo el fuerte sol del mediodía,

con ojos quemados por la luz
sentí en el paladar el amargo sabor de la sal resignado como curtido y mudo extranjero

que consiente debido a su avanzada edad, 
a la cruel belleza de ser un hombre vencido

sin paisaje propio y una lengua prohibida.

Pero lo peor es que
No vi entusiasmo en tus ojos.

                                                               Johann R. Bach

11 may 2015

igual que la araña, construye su camino por el cielo.

CASI FLOTANDO

 

Casi flotando,

en el umbral de la gravedad la Amazona de Platino –humilde poetisa admiradora de Julio Verne-,

 

igual que la araña,

construye su camino por el cielo.

 

En parte oculta a sí misma,

se muestra a los demás –desde el interior de la vaina de los rayos de su astucia inaudita-

 

mortalmente visible.

 

                                                                     Johann R. Bach


10 may 2015

Basta una simple chispa del antiguo pedernal y sus llamitas radicales para que la oscuridad tenga ictericia,

UNA CIERTA SONRISA CABALGA AL TROTE



Piensa la Amazona de Platino
en la más difícil de las sonrisas: una simple sonrisa que se abre paso mientras cabalga al trote entre las estrellas.

De sus labios surge el dulce dibujo
dejando al descubierto las perlas guardianas de su lengua. Del ritmo de sus suspiros surge la música de los atardeceres.

Esa sonrisa está profundamente incrustada,
surcada en todos los sentidos por el filo del rayo laser del vendimiador del tiempo:

Es una sonrisa
a la que le falta sólo una arruga para desenredarlo todo y estar a punto para el nombre del Gran Arquitecto en su totalidad.

Basta una simple chispa del antiguo pedernal
y sus llamitas radicales para que la oscuridad tenga ictericia, la cortina levantada hacia los mares

un orzuelo de estrella.

Una sonrisa así
se queda en el rostro un poco más que la alegría de donde procede o bien es la sonrisa la que precede a la alegría

y desaparece
tras la imagen transparente de nuestra Amazona, dejando la cara toda para la alegría sola.

                                                             Johann R. Bach

qué puede haber en común entre el destino y el azar enamorado de la sorpresa…

EL COLOR DE LA NADA

 

El granado

con el cuello de la primavera degollado por la poda…

 

Y cae en lluvia fucsia

sobre los que están debajo mientras se besan y se miran a los ojos sin preocuparse de

 

qué puede haber en común

entre el destino y el azar enamorado de la sorpresa…

 

Y tal vez sólo uno de ellos murmurará,

no sin temblar un poco apuntando que este es el trozo de camino que nos queda por delante:

 

sin negar el árbol

hay que prepararse ya sólo para los arbustos cargados de granadas y la yerba.

 

Y esto es envejecer

en mitad de una crisis total: donde aún no se ha extinguido la vida gracias a los rojos arilos, se sucumbe a lo que queda.

 

El enigma se abre paso entre nosotros

-como la ansiosa lengua- y nos trae la necesaria pregunta:

 

¿Cuál es el color de la nada?  

Yo os lo diré: Es el color de PABLEMOS         

                                                                                                                                                      Johann R. Bach



Pero mataba los lobos con su atronadora voz durante los enojos matinales,


LA HUIDA DE LA VIUDA

¿Mercedes …?
Ya no me acuerdo de su apellido, pero no he dejado nunca de ver su figura,

una figura tan esbelta, tan majestuosa
que tal vez su peso bien pudiera ser insignificante para una báscula de precisión.

Pero mataba los lobos
con su atronadora voz durante los enojos matinales, dispersaba las nubes de tormenta con el pelo erizado por la electricidad estática

y de la fuerza de sus hermosos ojos
podría dar testimonio su cuñado, sorprendido un día en el jardín, precisamente cuando mostraba su pecho cubierto de excitante vello.

Mercedes estaba aquel día en la valla
y no hacía nada, sólo miraba, miraba como un mero testigo, algo malhumorada, y

miró descaradamente
hasta que el cejijunto hombre velludo bajó sus pantalones hasta las rodillas.

Aquella vez no intentó hablar con él
puesto que en otras intentonas, en el diálogo, de pronto él se sobresaltaba y no se le ocurría más que dar vueltas suavemente a

su anillo de bodas…

Aunque él lo hubiera entendido todo,
sólo atormentándose a sí misma sólo se podría refugiar en la melancolía su sentido de la añoranza, como si estuviera amenazada de caducidad.

Su mirada tropezaba con la de él
que esperaba que su desnudo fuera suficiente para atraer hacia sí a una viuda casi desesperada, pero al final del tupido bosque de su abdomen

un pequeño apéndice
–apenas un cacahuete incapaz de crecer-, mostraba realmente la incapacidad del cuñado que quería más sexo del que tenía y podía.

Aquel día Mercedes decidió
abandonar el pueblo, perderse en la gran ciudad y… borrar su pasado.

                                                                    Johann R. Bach

9 may 2015

El cerebro, lleno de minúsculas maquinarias hasta casi estallar

AMAR Y MIRAR LAS ESTRELLAS…
COMO SIEMPRE

Siento que he alcanzado
el anunciado futuro aunque mi instinto y mi temor me ponen en guardia.

¡Cuidado con la anécdota! -me dijo un día mi amor-
¡No es un fractal de un subsistema del Universo!

No son una anécdota –le contesté con voz suave-
las estrellas del mes de mayo…

Cuando se quebró –le dije entre suspiros al oído-
la presa del hombre, aspirada por la gigantesca falla del abandono de lo divino, unas palabras en lontananza,

unas palabras que no querían perderse,
trataron de resistir al exorbitante empujón. Allá se decidió la dinastía de su sentido.

Hoy he corrido
hasta la salida de esta noche postdiluviana. Plantado en el alba temblorosa,

con la cintura llena de estaciones,
te he esperado amor porque sabía que ibas a venir. Te adivinaba detrás de la negrura del horizonte.

Esta noche, como otras de este mes,
he levantado los ojos al cielo y la náusea me ha derrumbado la mandíbula.

Aún oigo alzarse
desde el frescor de mis subterráneos el gemido del placer, murmullo de la mujer entreabierta.

Una ceniza de cactus prehistóricos
hace volar mi desierto en pedazos. Aún soy, sorprendentemente, capaz de morir…

Siento que he alcanzado
el anunciado futuro: el tiempo en que las naciones, sobre el mapa del universo reducido a las imágenes de los GPS,

ya están tan estrechamente interdependientes
como los órganos de un mismo cuerpo, insolidarias en su economía.

El cerebro,
lleno de minúsculas maquinarias hasta casi estallar, ¿puede todavía garantizar la existencia del riachuelo del sueño y evasión?

El hombre,
con paso de sonámbulo, camina hacia las minas criminales, guiado por el canto de los inventores de una diabólica tecnología,

aunque entre la realidad y su planteamiento,
está nuestra vida que magnifica la realidad y esta abyección de chips informáticos destinados a programarnos y

prepararnos para ser injertados en nuestra piel. 

Ya he alcanzado el anunciado futuro 
y sigo mirando las estrellas del mes de mayo, amando apasionadamente y poniendo en camino la inteligencia y la ternura

sin el apoyo de los mapas de un GPS.

                                                                     Johann R. Bach

7 may 2015

comes y bebes conmigo todas mis simples sopas de letras

AÚN NO TE HE PREGUNTADO SI ERES FELIZ

 

Oye Patricia,

aún no te he preguntado si eres feliz. No sé si se dice en tu mar a las chicas palomita mía –colometa meva en mi idioma-,

 

aún no te he preguntado si eres feliz.

Maravillosa, no haces caso y acudes a mi adoración aquí a este Blog de Google Plus sin que tenga que mentir,

 

estar celoso o ser digno de tu amor,

dispuesta al injerto, te arrimas a mi aguda palabra y te entregas del todo a ella

 

sin que me sienta culpable,

 

comes y bebes conmigo

todas mis simples sopas de letras y vives las agitaciones que iluminas con tu sencillez vidente.

 

Me impresionas,

sin que me sienta mejor de lo que soy, igual que lo sentimos en una fantasía compuesta para ocho violines y dos pianos.

 

Libre, me liberas,

qué más puedo querer, qué más puedo pedir ¡y con todo, esa angustia torturante en mí -ansiedad de querer echar los dados cada día-,

 

esta angustia por alguien

que posiblemente no conoceré jamás!

 

Estando aquí junto a ti Patricia, leyéndome,

es demasiado para un amor de otro mar.

 

                                                             Johann R. Bach


6 may 2015

¡Qué poco importaba qué hacer o qué encarnar!...


ANTE UN FUTURO INCIERTO

Con azimut cero
el sol permanece a mi espalda como un amigo aunque las placas de grafeno me impiden ver su luz.

Desde esta noche eterna
veo ahí abajo un planeta lleno de mares rodeado por unas lucecitas azules y me veo en mi estudio escribiendo.

¡Qué poco importaba
qué hacer o qué encarnar!... Sin impulso y sin vector afijo por lo menos que me pudiera dar una dirección, un ángulo de despegue,

sin motivo, sin consecuencias,
sin destino allí en un pequeño paquete de metros cúbicos había un ser en su indivisible plenitud…

Aquel ser, fundamentalmente,
vio ternura en cada isla en cada mar.

Desgraciadamente, una vez vista,
la belleza merma, a menos que se repita tanto que también el amor sea pérdida.

No. Desde esta ventana, no.
Desde esta enorme distancia no puedo ver cómo el barrendero apila en pequeños montones la hojarasca y las cáscaras de naranja.

Reflexiono sobre qué sucede
en ese planeta sobre el que orbito por si decidiera volver.

Veo el tiempo en qué viví.
Era un tiempo en el que la agresividad lo regaba todo con vino de estramonio,

un tiempo
en que hasta una lágrima de compasión sabía que era la única que lloraba; años en que se servía chocolate a la ira y ternera al odio.

Aunque también veo
a un niño no mucho mayor que yo que llevaba un zorro disecado alrededor del cuello y

lo dejaba tocar por una moneda.

Veo todavía sus ojos
y sus manos temblorosas y el serrín que se escapaba de la boca del cánido.

Y también veo aquel niño
que recogía el dinero y que, en un momento dado, mientras su padre bebía, se volvía de espaldas y se metía en la boca un bieuro(1).

Ahorraba ante un futuro incierto
porque sus huesos le dolían debido al fuerte crecimiento. Era la vida que se abría paso.

                                                                Johann R. Bach

NOTA (1): Un bieuro moneda de dos euros

5 may 2015

El romero estaba pisoteado y desnudo,

CAMISAS EMPAPADAS DE SUDOR

 

El sol había ocultado su alegría,

a pesar de que el día había transcurrido envuelto en una cruel niebla y la sangre buscaba el rubor de la aurora.

 

La noche de final del verano

comenzaba a alargar sus sombras.

 

Y aunque el calor había callado,

aquello que no podía oponerse a la vida crecía entre la zarzamora sin importarle los rasguños ni en codos ni rodillas.

 

Después de que nuestros huesos

hubieron tocado tierra, a través de nuestros rostros derrumbándose, no acabó nada amor mío.

 

Lo que nosotros flotar vimos,

con un placer que rozaba el dolor estaba como en un nido y nos unían sus ojos en complicidad naciente.

 

El romero estaba pisoteado y desnudo,

y acrecentaba con su aroma la ansiedad de volver a echar los dados antes de que la aurora con sus blanquecinos hilillos de luz

 

descubriera nuestras camisas

empapadas de sudor y gozo.

 

                                                                   Johann R. Bach



4 may 2015

Re: Es la revolución de Orión nuevamente entre nosotros.


CUCHICHEOS ENTRE ESTRELLAS

La tierra quemada vuelve a ser fértil
gracias al magnesio que, en presencia de la Amazona de Platino, reconstituye la clorofila por más que un hierro la siga hiriendo:

Vuelve la colaboración
de las sangres fundamentales: la clorofila y la hemoglobina -el verde y el rojo-, el magnesio y el hierro
bajo la mirada atenta de la Jueza de Platino,
asistida por sus secretarios el aluminio y el cobre.

En los almendros por primavera
chorrea vejez y juventud y de las ascuas de la cosecha la Amazona de Platino extrae la antorcha y

la locura de ver
belleza metálica a su alrededor.

De la misma manera
que el caballo transparente, de ojos vendados como la justicia, de estrecha cabeza ha condenado a su enemigo

la Amazona de Platino de hirientes espuelas
ha dominado a los vientos más severos que los que corren por su voz.

Es la revolución de Orión
nuevamente entre nosotros.

Desde las Islas una hermosa voz pregunta
cómo sé esas cosas. Le respondo lo mismo que te dije a ti Patricia: no he hecho más que escuchar

los cuchicheos entre las estrellas.

                                                            Johann R. Bach

Es la revolución de Orión nuevamente entre nosotros.


CUCHICHEOS ENTRE ESTRELLAS

La tierra quemada vuelve a ser fértil
gracias al magnesio que, en presencia de la Amazona de Platino, reconstituye la clorofila por más que un hierro la siga hiriendo:

Vuelve la colaboración
de las sangres fundamentales: la clorofila y la hemoglobina -el verde y el rojo-, el magnesio y el hierro bajo

la mirada atenta de la Jueza de Platino,
asistida por sus secretarios el aluminio y el cobre.

En los almendros por primavera
chorrea vejez y juventud y de las ascuas dela cosecha la Amazona de Platino extrae la antorcha y

la locura de ver
belleza metálica a su alrededor.

De la misma manera
que el caballo transparente, de ojos vendados como la justicia, de estrecha cabeza ha condenado a su enemigo

la Amazona de Platino de hirientes espuelas
ha dominado a los vientos más severos que los que corren por su voz.

Es la revolución de Orión
nuevamente entre nosotros.

Desde otro mar una hermosa voz pregunta
cómo sé esas cosas. Le respondo lo mismo que te dije a ti Patricia: no he hecho más que escuchar

los cuchicheos entre las estrellas.

                                                            Johann R. Bach

pediría a la noche verdadera disponer de mi sueño


ANOCHE ME DESPERTÉ SUDANDO

Anoche me desperté sudando
–de un imposible sueño- con la boca seca y con la sensación de que mi huella, mi existencia se perdían entre el rumor de las olas.

Tu rostro se deslizaba
sobre la almohada húmeda de saliva a trompicones retrocediendo ante mi aliento.

Mi lengua
no era más que una mancha en búsqueda de la abeja que la haría flor y la endurecería como las valvas de una almeja viva.

Íbamos a separarnos.
Tú te quedarías en la casa de la Colina de los Aromas y yo penetraría en el Jardín del Vacío.

Allí abajo, frente al mar,
la protección de las rocas, en la plenitud del viento de tramontana, pediría a la noche verdadera

disponer de mi sueño
para acrecentar tu felicidad. Y todos los frutos te pertenecerían.

Anoche me desperté sudando
–de un imposible sueño- con la boca seca y con la sensación de que mi huella, mi existencia se perdían entre el rumor de las olas.

                                                               Johann R. Bach


3 may 2015

Re: tu rostro es el que menos se demora en los reflejos del puente


FINA LLUVIA SOBRE EL PUENTE


En el paseo solitario
de cada mañana me detengo a contemplar la piel del rio.

De todas las mansas aguas
de los días claros, tu rostro es el que menos se demora en los reflejos del puente y

reconozco tus ojos:
la vida futura en el fuero íntimo del hombre nuevamente cualificado.

Al fín y al cabo
no se me ocurre algo mejor que cultivar rosas para que caiga sobre el puente la fina lluvia.

                                                              Johann R. Bach