5 dic 2014
Tiempos en que el sol se ponía su traje de seda y azafrán y en las brasas del cielo ardían los sueños.
Tiempos en que el sol se ponía su traje de seda y azafrán y en las brasas del cielo ardían los sueños.
¡QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!
Cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado da dolor
cómo a nuestro parecer
cualquier tiempo pasado fue mejor.
Jorge Manrique
¡Qué tiempos aquellos!
Tiempos en que el sol se ponía su traje
de seda y azafrán y en las brasas del cielo ardían los sueños.
Tiempos en que era importante
la hora de la siega y las amapolas y los brotes verdes amarilleaban,
tiempos en que las tardes se alargaban
por encima de las miradas.
Tiempos en que, por ejemplo,
se removía de nuevo el jazmín y nos revestíamos del tacto de sus pétalos; tiempos en que creíamos que el ciprés miraba el paisaje, sinuoso,
y en la tierra densa
veíamos las filas de chopos como un orden natural; los ríos calmados, bosques de encinas como signos sagrados y los compactos pinos marítimos, los campos de maíz y girasoles una muestra de bienestar futuro.
¡Qué tiempos aquellos!
Tiempos en que la luz se volvía piel
y el día era transparente.
No eran tiempos estáticos,
fluían como todo en el Cosmos: la tramontana, como siguiendo una lógica mística, se llevaba por delante los excesos del verano y
lloraba el crepúsculo su destino
en la esfera de la oscuridad,
mientras que nosotros aprovechábamos
aquellos descuidos del mes de septiembre para llevarnos a los labios la pulpa de las uvas.
¡Qué tiempos aquellos!
Johann R. Bach
2 dic 2014
Sí, mucho antes de que llegases junto a nosotros había ya dolores de todos los tamaños
KATRINA BLUES
¡Katrina!
Nunca dejaste caer tanta agua
sobre esta ciudad.
¿Qué pretendes hacer aquí, donde es tanta la indigencia, y son tantos los seres que, a pesar de todo, creen en la música
único bien que poseen
en este New Orleans ya lleno de penas?
¿Qué vienes a hacer sobre estas casas,
en las que no estamos seguros ni ante nuestra propia vida, en las que vivimos como fugitivos junto a la huida, que ha entrado con nosotros?
¿Qué has venido a hacer Katrina
sobre nosotros, que estamos cansados y hemos dejado nuestro coraje fuera, en calles inundadas, asustadas?
¿Qué quieres de nuestros pequeños huertos,
que son más viejos que el más viejo de nosotros?
¿Tienes algún recado
para las cenizas de quienes hemos resistido, harmónica en mano, a tu huracanada violencia?
¿Por qué interrumpes
la melodía de todos esos viejos en su recordar inacabable? Los niños se han despertado y se sorprenden, y
hay como una cólera
en el aire que la madre no puede disipar. Ella estrecha los pequeños rostros, uno tras otro, sobre sus rodillas, pero cada rostro sabe y ya nada podrá ser como antes.
Había vida en New Orleans
y en los intersticios de la muerte antes de que tú vinieras. Sí, mucho antes de que llegases junto a nosotros había ya
dolores de todos los tamaños
y música de blues como única fuente de felicidad.
Ahora ya sólo nos queda recordar
el crujido de la madera y la oscuridad bajo la escalera mezclándose con las notas roncas de nuestras voces como un contrabajo desafinado.
Con todo el blues no traza fronteras
ni límites frente al bien y el mal, y frente a lo desconocido y sigue ahuyentando a los fantasmas en los espacios vacios, en nuestras habitaciones y a medianoche.
Johann R. Bach
Atónito ante aquella escena no pude mover ni un músculo,
30 nov 2014
¿Le oían acaso las estrellas puras?
si el rumor que levantan mis sentidos al despertar no me estorbara tanto
ENAMORADA MUJER CASADA
Busco desesperadamente
que la calma se imponga, como lluvia que viene a socorrer la sed del acónito, dentro y fuera de mí.
Si lo que es azaroso e impreciso
y la risa vecina enmudeciera;
si el rumor que levantan mis sentidos
al despertar no me estorbara tanto como el marido infiel que ronca todas las noches en mi lecho …
Entonces yo podría,
en un polifacético meditar, conocerte hasta tu extremo, soñar contigo y amarte aún en tu ausencia, y
en posesión fugaz como sonrisa,
a todo lo viviente regalarte todos mis pensamientos como una acción de gracias.
Presiento que pronto todo va a cambiar
de la misma forma que se siente el resplandor de una página nueva sobre la que aún todo puede llegar a ser.
Entretanto mi saliva fluye
cada vez que pienso en ti.
Johann R. Bach
28 nov 2014
Ha sido como un sueño ajeno a nuestra especie:
ARBOLILLOS DESNUDOS
A finales de noviembre,
la estación del año en la que los sueños de los hombres son iguales, un pasado homogéneo,
desvanecido
que parece el de una piedra
secada al sol hay unos padres mudos, unos niños dan vueltas corriendo con un perro,
una llegada
que se intenta describir como agua que se lleva a mi boca cómo he dormido en mi habitación con su diminuto balcón que da a la calle de arbolillos desnudos.
Ha sido como un sueño
ajeno a nuestra especie:
En él se adelgaza el aire,
la luz se encoge y se despereza como admirando la lluvia y, sin embargo, punza los ojos…
el frío, la transparencia…
Los colores de la Navidad ya empujan.
Johann R. Bach
27 nov 2014
Vinieron con la ilusión de poblar bosques vírgenes,
COLOR Y JAZZ EN LA PLAZA
No son, precisamente, ángeles lo que falta;
están en todas partes y son multitud. Los hay que penden en racimo en los taludes de las autopistas y
al anochecer,
en los linderos de los bosques sagrados se pueden ver los centelleos de sus ojos acorralados a través del tupido follaje de plátanos y tilos.
El calor de los pueblos
que acogen en sus calles a antiguos cantantes de blues y bailarinas de swing descongela el barro de sus jardines,
dibuja poco a poco
con las huellas de los peatones la espina dorsal del antiguo centro urbano cargado de luces de neón.
A vista de pájaro,
podríamos observar, la amplitud ondulante de suelo en pendiente, blanqueada por la luz al reflejarse en las alas de los arcángeles en punta como si fueran pequeños charcos helados.
Esas criaturas han volado durante siglos
hacia estas latitudes suaves subtrópicas. Vinieron con la ilusión de poblar bosques vírgenes,
bosques en fuga bajo el viento
y hallaron bosques acosados por todas partes de resplandores de luces de colores y música de jazz,
de muros de hormigón
y ladrillos cocidos al sol
y, por un cielo vacío que ya no se sostiene
plagado de brasas de azul que se apagan, últimos resplandores del espacio, arcoíris de un caprichoso desdoblamiento de la luz
aves de eterna mañana.
Música de saxofones perdidos
entre los aires urbanos, clarividentes cuya razón de ser es demasiado antigua,
notas graves de contrabajo
como aves gigantes que golpean los finos cristales de las ventanas de los mundos cálidos de los habitáculos que cobijan al alcohol, al tabaco, al café y al sexo;
y, renegantes de dioses y ángeles,
quieren vivir.
La tierra les hincha el corazón
y borbolla tormentas en su estómago y en sus arterias.
Muy lejos de los cascos urbanos
el lamento de la trompa llama al fondo del bosque de estrellas y los ángeles refugiados en él no oyen nada más.
Sus alas se arrancan
con ruido de truenos sin ritmo ni contrapunto y, plantados sobre la tierra, por primera vez están borrachos no de alcohol, sino de vértigo.
Borrachos, pero aún bellos.
Borrachos sí, pero bellos como el día.
Nada de Auriga,
de llama recta sobre el carro, nada de esmalte, nada de Victoria de Samotracia.
Sólo la belleza envolvente de la luz:
ácido virgen
arrancador de orín y sombra. Belleza carnicera, artesana sobre carne y hueso, reveladora de entrañas;
y la materia rinde el alma
como el romero y la lavanda aportan olor al atardecer cuando el frescor labra los jardines.
Es la belleza que guardan,
a pesar de la desesperanza, miles de criaturas que fueron seducidas como ratas arrastradas por el Flautista de Hamelin;
belleza amplia que ilumina
el universo de una aurora más abierta, más chispeante de clústers paquetitos de luz convertidos en música euforizante de swing
juego de cintura para deslizarse
en la jungla de los malos presagios en pleno día, ardid para golpear a la propia luz,
por detrás ¡de un brinco!
El ritmo quema la grasa,
en lámparas hechas con las palmas de sus manos. Y es que una plaza sin música ni color es
insoportable como un lecho vacío.
Johann R. Bach
26 nov 2014
El furor del mar tormentoso: es una porción de eternidad
HOY LLUEVE. MIREMOS POR LA VENTANA
Mirad un cuerpo femenino:
veréis la obra de los dioses.
Cada cual ve lo que puede ver:
La rata, el zorro, el topo, el conejo, miran las raíces; la abeja, las flores, el pájaro, las nubes y el nido;
la araña, la tela.
la rana cree que el cielo no es más grande que la boca del pozo
mientras que el hombre se deleita
con el color de los frutos.
El águila
–con su extraordinaria agudeza visual- nunca perdió tanto tiempo como cuando se avino a aprender del cuervo negro.
El furor del mar tormentoso:
es una porción de eternidad demasiado grande para los ojos del hombre y lo que hoy es evidente
en otros tiempos fue imaginado.
Un solo pensamiento llena la inmensidad.
Hoy llueve. Miremos por la ventana.
Johann R. Bach
La abeja reina es la única que tiene un reloj de pulsera
UN BARRANCO AMARILLO
Algunas tardes, cuando me quedo dormido,
mi sofá se desliza hacia los campos y se detiene frente a un barranco. Intento volar como las abejas para evitar la caída.
Ante un abismo sin fin
la ansiedad me despierta y en la oscuridad, desde la mesa donde reposan naranjas, granadas y los plátanos
una abeja posada sobre la fruta
me mira a los ojos. Mis músculos tardan en desentumecerse y antes de desperezarme
me cubro con las manos el pecho
y no me atrevo a apartar la mirada de ese minúsculo insecto social e imagino su cara pálida en la que destacan
las visibles venas
bajo la fina piel de sus sienes. Pienso en su mundo rotando alrededor del sol… como el nuestro.
La eternidad está enamorada
de los frutos del tiempo. Especialmente el programa genético de la abeja le procura una laboriosidad fuera del tiempo:
al igual que el color preferido de las arañas
es el de las naranjas y plátanos, el color miel la excita de tal manera que no tiene tiempo para penas,
revolotea una y otra vez el panal
y no puede construir más que hexágonos único polígono que se desliza siempre por el mismo plano.
La abeja reina es la única
que tiene un reloj de pulsera para medir las horas de la sabiduría y en el momento preciso engendra otra abeja reina;
es la única que saca la cuenta
de los días que faltan para que la sequedad del verano paralice la actividad industrial,
el peso de los paquetes de miel
almacenados en contenedores con forma de prisma de base hexagonal y la medida de todo en años de escasez.
¡Qué suerte poder pensar
en un barranco lleno de frutos y flores!
Johann R. Bach
No se les ocurrió (a los poetas chinos) estudiar el genio de las ciudades y sus ejércitos
EL GRILLO Y VIEJO POETA CHINO
Fue bailarina y geisha cantante
y ahora es la mujer de un inconstante
que vaga por el mundo y no regresa.
Un lecho vacío es insoportable.
- ANÓNIMO CHINO -
Los viejos poetas chinos animaron
con genios todos los objetos perceptibles, incluidos los minúsculos insectos provistos de un mínimo corazón,
dándoles nombres y adornándolos
–no sin antes echar unos buenos tragos de vino- con los atributos de los bosques sagrados,
Los ríos, las montañas,
-y sus vericuetos para llegar a culminarlas- los pequeños estanques y pueblos minúsculos que no figuran en los mapas y
con cualquier cosa
que sus sentidos, muchos y más agudos, pudieran percibir.
No se les ocurrió estudiar
el genio de las ciudades y sus ejércitos como sistemas que necesitaran de la protección de alguna deidad mental;
sistemas de los que algunos se aprovecharon
para esclavizar a los hombres comunes, intentando abstraer o convertir en realidades mentales:
así nació el sacerdocio.
Escogieron los ritos de culto
narrados en los relatos poéticos del Pequeño Saltamontes o la Linterna de la luciérnaga.
No tardaron, así, en olvidar
que todos los dioses y musas habitan en el corazón del hombre y que hasta
el mínimo corazón de un grillo
canta de alegría -buscando compañera- al nacer la primavera.
Johann R. Bach
25 nov 2014
Hay que reivindicar la cabeza sublime,
¿REIVINDICACIONES O DESEOS?
Maldecir fortalece, bendecir relaja.
De ahí el interés de las religiones en bendecir a pueblos y ciudadanos.
La bendición corta la imaginación y
el libre pensamiento como pecado y mucho más si se trata del femenino.
Crear una pequeña flor
es trabajo de siglos. El mejor vino es el añejo; la mejor agua la más fresca. ¡Los rezos no aran! ¡Las alabanzas no cosechan!
El alma de dulce gozo,
jamás se podrá mancillar y de la misma forma que al ver un águila reconocemos una porción del genio ¡Levantemos las cabezas!
El pobre en valentía es rico en astucia y
no se puede esperar
más que veneno del agua estancada
aunque de los ojos esperamos el fuego;
de las fosas nasales, el aire; de la boca, el agua; de la barba, la tierra; de los pies y las manos, la proporción.
El cuervo verde lo querría todo negro;
la lechuza, todo blanco. La exuberancia es belleza.
La verdad
–como la semilla que germina en la oscuridad- jamás debería decirse
de forma que se entienda y no sea creída.
¿Quién podría afirmar
que el desprecio al despreciable es como el aire al pájaro o el mar al pez?
Hay que reivindicar la cabeza sublime,
del corazón, el desenfreno pasional no patológico pero inducido, y, de los genitales belleza.
Johann R. Bach
24 nov 2014
El gusano cortado perdona al arado,
MÉXICO PARA PENSAR
En México se bendice con cada parpadeo.
No es mala costumbre y tarde o temprano sus gentes meditarán sobre el Cosmos a pesar de no tener costumbre.
Les pasa lo mismo
que al que desea pero no actúa, crían podredumbre. El gusano cortado perdona al arado, mientras otros
sumergen en el río
a aquel que ama el agua.
Se llenan la boca de improperios
contra el necio que no ve el mismo árbol que el sabio.
Alguien debería decirles
que no pierdan más tiempo y aparten de sus bendiciones a aquel cuya cara no irradia luz, pues jamás será una estrella
que marque el camino.
Johann R. Bach
El gusano cortado perdona al arado,
MÉXICO PARA PENSAR
En México se bendice con cada parpadeo.
No es mala costumbre y tarde o temprano sus gentes meditarán sobre el Cosmos a pesar de no tener costumbre.
Les pasa lo mismo
que al que desea pero no actúa, crían podredumbre. El gusano cortado perdona al arado, mientras otros
sumergen en el río
a aquel que ama el agua.
Se llenan la boca de improperios
contra el necio que no ve el mismo árbol que el sabio.
Alguien debería decirles
que no pierdan más tiempo y aparten de sus bendiciones a aquel cuya cara no irradia luz, pues jamás será una estrella
que marque el camino.
Johann R. Bach








