29 oct 2014
su furtivo semblante me transportó a una tarde anterior sentada ante la radio de la que salía una suave música de jazz
26 oct 2014
Gallego y portugués una sola lengua
«Quer que a Galiza seja um Estado? Que esse Estado seja independente?»
L'entitat cultural gallega A Gentalha do Pichel prepara per al set de novembre una consulta emmirallada en el procés participatiu català
esa poca seriedad que desata el grito -y abrevia y cuaja- es polilla sin memoria,
BLUES PARA UN BAJISTA
Me cuesta llegar a casa solitario,
a las cuatro de la mañana, cansado y, a pesar de ello con la mente tan lúcida que no puedo dormir.
Es la tensión alta y la ansiedad
y esa poca seriedad que desata el grito -y abrevia y cuaja- es polilla sin memoria,
crisálida que no devuelve miradas,
rapaz visitadora con laberinto sin cuplé ni tango sino blues nocturno.
Esa poca seriedad que anda,
organiza babilonias, sodomas y gomorras llenas de tabaco y whisky en los hoteles de lujo.
¡Cuánto Jericó sin trompeta ni tambor!
El médico me ha encontrado muy mal,
me ha dicho que he de descansar. Excepto la huella que define al carpo, metacarpo y dedos lo demás está para ir a la UVI.
Es el bajo, las cuerdas y el sonido
lo que mantiene en forma mi mente y mis manos como en una ecuación humana
esas cosas que no entiendes…
para ti son ¡Qué oro! ¡Qué lágrima!
¡Cuánta sal de mar inunda las tabernas del puerto!¡Quedan ya tan pocas en las que el jazz respire!
Cada vez cobramos menos
por una larga noche y cada vez somos más a repartirnos la pobreza. Los medio modernos como la televisión contrata a estrellas nacidas de entre las cenizas de sus películas como el Dr. House por ejemplo.
Me entran ganas
de coger mi vieja maleta de madera y largarme…
así porque si.
Sólo me falta que un día de estos
la escarcha que esa señora de pelo blanco y de cansada belleza pone a diario en el cristal de mi ventana
me diga:
"Pon a salvo tu flor
y deja en testamento las letras de tus canciones y el instrumento".
Johann R. Bach
“He conocido junto a él las horas de la risa....
BLUES EN EL PUERTO DE PALMA
¡Buenas noches señores y señoras!
Hoy tenemos el placer de acompañarles con un poco de jazz su estancia en este crucero.
Por suerte el mar está tranquilo
y sólo nos vamos a marear después de tomar unas cuantas birras.
A mi espalda, el que toca el piano, Fido;
a mi lado la gran cantante Frieda y un servidor Fedor que con mi saxo completamos este Trio de tres.
Canta Fieda
"Yo conozco el verbo despertar;
todos conocemos el color verde de la tiza verde y nunca nos hemos quejado por ello ¿no es cierto?
Yo conozco la noche de varios pisos;
todos hemos comido la parte azul del cielo la mejor y nunca hemos protestado por su dulce sabor".
Frieda calla
y Fedor desgarra el aire húmedo de la sala de actos de la enorme plataforma flotante:
el saxo parece un símbolo de nieve
lamentándose de su suerte o quizá celebrándola.
Empalma Frieda
con el aporreamiento que Fido –el más delgado de los pianistas- ha emprendido con su mano derecha de las teclas negras.
y canta:
"He conocido junto a él las horas de la risa.
Todos deberían haberlas conocido: son un regalo que apreciaremos más tarde
desde la ventana de una habitación
de algún hotelito que acoja nuestra soledad mientras el sol caliente nuestros delgados labios".
Fedor hace un breve solo de saxo
Luego Frieda se aparta
su flequillo rubio platino de la frente y se pregunta:
¿Hay que admirar al tendero
que mete hormigas entre los higos para aumentar el peso de la mercancía?
¿Hay que reír
cuando alguien dice que el agosto se queja por el calor que hace? ¿o que los peatones andan sobre lágrimas?
Ahora es Fido
el que hace un suave solo como si sus dedos parafraseasen a Chopin. Luego se une el saxo y
es Frida la que cierra la canción:
"He conocido junto a él las horas de la risa.
Todos deberían haberlas conocido: son un regalo que apreciaremos más tarde
desde la ventana de una habitación
de algún hotelito que acoja nuestra soledad mientras el sol calienta nuestros delgados labios".
¡Aplausos!
Johann R. Bach
Una gitana me dijo: “Pobre poeta, eres un alma maldita, sin suerte”
Blues en Google para Emilia
Cariño,
al leer tu carta siento algo extraño en mi corazón. Es algo contagioso de lo que me tengo que proteger.
Es algo parecido
a eso de despertarse con la boca seca; algo que me obliga a ponerme la mano sobre mi pecho.
No sé si me amas porque me necesitas…
porque necesitas un médico especial, individual, irrepetible… aunque sea viejo sin poros en la piel y con los labios adelgazados; o,
porque quieres ser la muñeca de alguien
para tener siempre tu dosis de analgésicos, de antidepresivos, tu dosis de seguridad.
Das la impresión
–perdóname si soy descortés contigo- que quieres ser la muñeca de alguien para aliviar la angustia de tu pecho
siempre que me puedas presentar como un trofeo.
No importa como yo sea, ni siquiera si no soy más que un espejismo. Sólo te importa ser la muñeca de alguien…
para tener siempre tu dosis
de opiáceos y anodinos. (Bis)
Lo de tu dosis de sexo
carece de importancia porque para ti la sexualidad no es más que la dosis de sexo que tu creas que, en último extremo necesito.
Cuando recibí tu carta
fui a una gitana para que leyera los surcos de mi mano mi futuro, y me dijo:
"Pobre poeta, eres un alma maldita, sin suerte"
Y tú diciéndome
que quieres ser la muñeca de alguien, para tener siempre tu dosis de opiáceos y anodinos, es decir,
para que tengas siempre mi dosis de amor,
dosis de amor que calme en el amanecer tu mal humor y por las noches te muestre como una princesa que me ha tocado en la lotería de Google.
Decididamente la gitana tenía razón:
Soy un alma maldita, sin suerte. Perdóname por el mal que te hice al no decirte que yo no soy más que un espejismo con los labios más delgados que la piel del mar.
Johann R. Bach
25 oct 2014
Vivir amado, es mucho más complicado.
JAZZ PARA UNA DIOSA DEL AMOR
Morir por ti sería insuficiente,
el más humilde de los mortales podría hacerlo dada tu condición de Diosa del Amor.
Vivir amado,
es mucho más complicado.
Te ofrezco incluso esto:
vivir con los pulmones ebrios de suspiros enriquecidos con jazz ese amargo veneno.
Morir es algo insignificante,
realmente demodé, pero vivir obliga a morir de éxtasis múltiples veces, como después de un solo de trompeta,
sin el respiro de estar muerto.
Johann R. Bach
Soberbias, se envaran las sillas tan vacías debajo del refugio en el que me acogiste;
BLUES DEL RELOJ DE SOBREMESA
Lampe auf den verlassenen Papieren,
Undringsum Nacht bis weith in ein ins Holz
der Schränke. Ich, naja, ich träume.
Elisa R. Bach
Una lámpara sobre papeles olvidados
y alrededor la noche, dentro de la madera de los armarios. Yo así te sueño.
Soberbias,
se envaran las sillas tan vacías debajo del refugio en el que me acogiste;
cargadas de muchas dignidades,
somnolientas y algo tristes;
desde arriba
se vierten junto a una harmónica noches de pasión sobre un reloj de sobremesa
jugando una partida de damas,
escuchando el vaivén de una música desgarrada de blues de un par de arpas de boca.
Johann R. Bach
22 oct 2014
Esperas que por la mañana nos veamos para hablar, pero no te llamaré. Sé lo que me vas a decir.
BLUES DE LA RAMA DEL TEJO
Atravieso lentamente el parque.
Un tejo ha comenzado a inclinar una de sus ramas hacia el húmedo césped donde la joven hierba parece esperarla.
Yo debería hacer lo mismo
que esa rama: sobrevivir. (bis)
Va a llover y no estoy de humor;
el cielo está furioso y es verde: el crepúsculo será diferente una vez más. Me has dicho que quieres hablar, pero yo no lo necesito:
Sé lo que me vas a decir. (bis)
No necesito palabras
para comprender el extraño y frío brillo platinado de tus ojos. La tarde está poblada de lanzas amenazantes y un triste tañido de campanas y de más cerca
el contenido grito desagarrado
del saxo sobre mi espalda. (bis)
Según las noticias de la radio
el mar se va a revolver y aconsejan no salir a navegar. Esta noche –dicen- va a ser tormentosa…
Veremos un llorar en la piedra;
más adentro, entre los huesos, la carne duele.
Yo tocaré en el local medio vacio
notas más desafinadas que otras veces… (bis)
En la penumbra nadie verá mi tristeza,
el saxo brillará como el oro en la sala exenta ya de humo aunque el vaho pegado a los cristales permanezca adormecido por la cerveza.
Esperas que por la mañana nos veamos para hablar,
pero no te llamaré.
Sé lo que me vas a decir. (bis)
No. Esta vez no.
No acudiré a mi entierro. Haré como la rama del tejo: clavaré mi tristeza en el césped y esperaré, tocando mi saxo, a que la vida vuelva a brotar.
Johann R. Bach
21 oct 2014
Sólo puedo masticar pequeños trozos de caléndula que calman mi ansiedad,
apagarás el amanecer con una copa más de ron quemado
LA NOCHE DE FINAL DE MES
¡Qué pasada!
Por la mañana te levantarás
bailando valses de Johann Strauss;
todo sonreirá bajo un cielo despejado
y un sol prometedor
como tantos a final de mes.
Al mediodía el ritmo de swing
te hará sudar, hasta reventar,
en la Plaza de la Virreina.
Por la tarde te relajará la ducha y la siesta,
luego, después de una película,
cena, pasodobles y ron incluidos.
Entrarás en casa deseando más noche;
tu compañero de piso te dirá simplemente:
"te esperaba".
El atrevimiento con el que te desnudas
volverá a desconcertarlo.
Tú te sacas el luto como íntima ropa negra,
como tu madre lo hacía al ponerse el pijama.
¡Vamos, alégrame lo que queda de noche!
-te dirás parafraseando a "Harry El Sucio"-
Sabes que pronto te encontrarás
con la aurora clavada en el espejo.
Haces mala cara –pensarás en tus adentros-
y tienes los pies sucios de música barata,
has perdido el foulard del último aniversario.
De costumbre –a la hora de los sobornos-
apagarás el amanecer
con una copa más de ron quemado
mientras escuchas el último blues
de Radio FIP saliendo de tu ordenador.
¡Qué pasada! Un simple compañero podría
convertir en rosas las agrias flores del vino.
Mentirás indiferencia para todo lo que no sea
la noche de final de mes y en el Bar Terra,
ebria de vida falsa, seguirás adorándola.
Johann R. Bach
19 oct 2014
prométeme que alguien me avisará para que sea mío tu último suspiro,
AMAR MÁS ALLÁ DEL ESPACIO Y EL TIEMPO
No me explico esta locura,
este bestial deseo de poseer todos tus átomos y sus vibraciones hasta el punto de pretender que te comprometas por escrito,
que me prometas
que cuando estés a punto de cruzar la Verja, habrá médico, enfermera, notario o sacerdote que me convoque.
Es un amar ambicioso
–lo reconozco-, pero
prométeme que alguien me avisará
para que sea mío tu último suspiro, mío el sellar de tus ojos,
no con monedas
por más que hayan sido acuñadas en oro o platino sino que sean mis labios
el único broche
que tus caídos ojos pidan;
mío el permanecer
–cuando todos se hayan ido- junto a ti, sólo mío el concebir una vez más que tu cuerpo al rendirse de tal modo
me devolverá mi vida
más allá del espacio y el tiempo.
Johann R. Bach
Los fantasmas no precisan necesariamente una casa para hacerse presentes;
NO ES LA APOCALIPSIS LO QUE NOS ESPERA
Los fantasmas no precisan
necesariamente una casa para hacerse presentes; ni siquiera necesitan una modesta habitación para mostrar su esencia,
pues el cerebro tiene pasadizos
como un espacio ortonormal de dos dimensiones –es decir, sin volumen alguno-;
Es más seguro topar a medianoche
con un Espíritu Extraño que se ha colado a través del laberinto auditivo que plantar cara
al que se lleva dentro
ese Gélido Huésped adherido como titanio al hueso y que tiene por misión aniquilarnos.
Es más seguro profanar las losas
al recorrer los pasillos de un monasterio que encontrarse sin armas a uno mismo
en Lugar Solitario.
En caso de presentarse esa posibilidad tengamos por sentado que no es la Apocalipsis lo que nos espera,
sino nuestros deshabitados ojos.
Johann R. Bach
16 oct 2014
Escribir sobre esas cosas horribles...
¡ESCAPAR!
¡APROVECHANDO LA MENOR OCASIÓN!
Mientras nos conducen
esos seres extraños –al parecer enemigos de poetas- a través de un paisaje de árboles de colores vivos como si fueran de plástico
tengo la sensación de estar soñando
y, sin embargo, no puedo despertarme. Me detengo al entrar en una carretera aún más estrecha;
cuatro harapientos soldados
armados con palos se abalanzan sobre mí y a gritos me obligan a vaciar lo que llevo en mi mochila;
lanzan a la cuneta mis pertenencias:
dos cuadernos rojos, tres bolígrafos, un peine de espaciadas púas un poemario de Edgar Allan Poe, dos pañuelos de tela a cuadros, dos pares de calcetines altos y una cabeza de ajos.
No venimos aquí a escribir –me dicen-,
venimos, cuando lo hacemos, a completar la obra anterior. No venimos a escribir aquí.
Aquí no se escribe,
las puertas del paisaje están cerradas; y ya lo dijimos: el espacio es demasiado sutil, no discreto, irremediablemente curvo y contínuo.
Tragedias tales
como haber escrito sobre el vuelo de las abejas o el corretear de las lagartijas ha conducido a la humanidad al desastre de ser diferentes unos de otros.
Escribir sobre esas cosas horribles
es lo que saca punta al aire y conduce irremediablemente al Limbo de lo Introvertido.
Ante esa condena
no puedo hacer otra cosa que pensar en escapar.
Johann R. Bach
No empecemos Marta: por lo que más quieras y por favor.
15 oct 2014
bajo un techo demasiado bajo para su estatura
DESLUMBRADA
Tendida cara al cielo,
en lo alto de la doble litera de madera, demasiado cerca del techo, despierta una mujer entre sueños.
Esa mujer,
por solitaria doblemente entristecida siente un gran cansancio, un horrible dolor de cabeza y un sudor frío invadiéndole la frente y la espalda.
Quisiera abrir la ventana que,
a pesar de dar al patio interior de la manzana, le permitiera un poco de aire fresco
para calmar,
toda implorante, su desolación.
Sorprendida percibe
cómo el pequeño espejo, situado sobre un lote de libros aún por leer, duplica su sufrimiento;
en él observa la sombra de sus ojos
agrietada por una lágrima nocturna (tal vez involuntaria), el rojo de los labios tiñéndole las mejillas;
se siente ridícula
con su retrato garabateado entre las manos, pidiendo eternidad frente a su enfermedad terminal, y
comprende que ha sido inútil
todo su inocente entusiasmo en aprender a tocar el piano y varios idiomas, leer cantidades ingentes de literatura acríticamente,
en vagabundear por Europa
desde Nevers a Berlín pasando por Barcelona, Santiago de Compostela y París
esperando ¡Oh cielos!
que algún semidiós se atreviera a acariciar sus bellas manos y a besarla en las largas noches de invierno.
Esa mujer que jamás poseyó otro delirio,
demasiado tiempo ha quedado sentada bebiendo sobre su cama, mirando alelada cómo
unas polillas giran furiosas
alrededor de su lámpara de verde opalina hasta quemar sus alas y caer muertas sobre los viejos libros y flores marchitas.
Esa mujer se imagina volando
hacia ese centro luminoso del Ápex con el rostro de su amante confundido con las sombras blancas de la luna,
pero sospecha
que aquella luz no le pertenece; una luz terrible que calma su sed en el manantial de los ojos que observan su espalda desnuda,
una luz de amarillo-cadmio
que la deslumbra, le hace perder altura, eternidad y, sin embargo, quiere remontar el vuelo, pero como quien mide su desesperación
sólo atina a levantar los abrazos,
mover sus manos en círculo cuando toda ella, aún plena de luz, estalla como una carcajada en la oscuridad
bajo un techo
demasiado bajo para su estatura en la buhardilla de madera más oscura de Berlín, deslumbrada por su propia luz.
Johann R. Bach












