12 sept 2014

No se trata de la muerte que te busca ni de azufre divino que te corroe la carne

LOS MÚLTIPLOS DE SIETE

BAJO LA MAGIA DE LA LUNA

 

Siete veces

he leído en la noche de los poetas, iluminada por la gran lámpara de la bóveda celeste,  mis propias sílabas "Los Múltiplos de Siete";

 

y, si quisiera bajar esa luna del cielo

un tremendo mandato y muchas cabezas caerían tronchadas para siempre sobre el pecho.

 

Cuánto me complace

esta disposición a la eternidad, sin saber si respiro o no, aguardando a que me juzguen,

 

que me coloquen en la balanza

bañado en mi propia sal.

 

Si a alguien le cuesta creer eso,

tampoco distinguiría cuáles de mis palabras son piadosas, y de sus manos caerían cuajados pétalos de magnolia que

 

por la noche arrancaron

de unas piernas desconocidas.

 

No se trata de la muerte

que te busca ni de azufre divino que te corroe la carne, lee siete veces "Los Múltiplos de Siete" y

 

quizá encuentres respuesta

al fuego que de mis dedos brota.

 

           MÚLTIPLOS  DE  SIETE

 

Siete años tardaste en aprender

a hacer el lazo de los zapatos heredados de tu hermano. Los cordones ya desgastados por el uso resbalaban fácilmente sobre los calcetines y su forma de ocho horizontal crecía y crecía como el espacio.

 

Hasta los catorce no te fue necesario

dibujar ese signo y otros sobre un cuaderno de hojas con fondo cuadriculado llenas de ecuaciones de segundo grado. En esos momentos crecías y crecías como las hojas de un guisante germinando.

 

Las chapucillas con cilindros

y cónicas y las reflexiones sobre los péndulos de compensación para medir exactamente el transcurrir de los minutos, formaban parte de una sed inextinguible de conocimientos. Tu imaginación despertaba a impulsos de intensidad irregular, pero imparable.  

 

A los veintiuno descubriste la noche

y la Banda de Moebius que completó tu colección de figuras construidas con delicada papiroflexia. Empezaste a frotarte las manos porque las piezas del puzle de la vida empezaban a encajar.

 

Entretanto el amor llamaba

a tu ventana como la zarpa del helor de un crudo invierno. A partir de rombos, triángulos y pirámides construiste un jardín inteligente a falta de un diamantino edén en el que hasta los insectos pudieran acudir al festín de la miel.  

 

A los veintiocho te atreviste

a decir tímidamente para tus adentros: ¡Eureka!. Creíste haber encontrado la piedra filosofal, pero no querías parecer ridículo y no comentabas públicamente las locuras filosóficas que se te ocurrían;

 

las otras, las de la especie,

ya no estabas a tiempo de ocultarlas: ya te habías convertido en padre y habías inventado la palabra ser –palabra dura e incolora.

 

A los treinta y cinco sólo

los cambios de domicilio te salvaban de la hoguera que los vecinos preparaban pacientemente.

 

No les gustaba tu forma

de apartar las hojas cálidas con manos vivas y cómo pisoteabas las estampas que ellos consideraban sagradas.

 

Los viajes

y el perfeccionamiento de varios idiomas a la vez te ocupaban horas y horas. Te cultivaste como si fueras a vivir toda la vida. Aún te costaba romper a llorar y diluir en tus propias lágrimas el espacio y al igual que el tiempo, no detendrías tu enloquecida carrera.

 

A los cuarenta y dos años

no viste amor en sus ojos. Empezaste a sentir aquella lluvia de reproches sobre tus hombros como la humedad de la niebla. Tus versos, tus besos, tu sueldo eran insuficientes.

 

La atracción newtoniana

ya no funcionaba como cuando erais unos perfectos desconocidos. Tuviste que tomar la decisión de ganar dinero como la imitación de un proceso que conduce al suicidio.

 

Tus cabellos te iban abandonando,

eran cada vez menos abundantes en la cabeza mientras el vello brotaba en todos los poros de tu pecho. La sensibilidad de tu piel quería evitar el vacío a tu alrededor que era cada vez más fuerte.

 

En esos años

ya no confiabas en tus cinco sentidos: el mundo podría quedar reducido al tamaño de una avellana mientras que pequeños planetas cegados por su propia sangre podrían crecer y dar paso al nacimiento de un sol.

 

A los cuarenta y nueve el exilio

te salvó el pellejo, la modestia volvió a tu corazón, empezaste la larga travesía del ecuador de tu vida y a saber lo que querías. El listón quedó fijado en los ochenta y cuatro por los cálculos de Quetelet.

 

A los cincuenta y seis comprendiste

a tu padre y a tus hijos; supiste de sus limitaciones y los reconociste como seres humanos que sufrieron lo suyo.

 

Y en cuanto a tu madre

pensaste que ella nunca cambió:

 

esperó siempre vuestro regreso

vestida con su blusa blanca moteada de lunares azules y sus ojos grises en el umbral de todas las puertas, con la sonrisa haciendo juego con las perlas de su collar.

 

Comenzaste a recordar

que le gustaba el café, la tranquilidad y las películas de Humphrey Bogart; y, como si los estuvieras viendo, sus movimientos de cabeza desaprobando tus primeros versos.

 

A los sesenta y tres escribías

sin parar con la locura del que cree que no va tener tiempo suficiente en los veintiún años restantes para amar y al mismo tiempo explicar cómo la primera parte de tu vida te pareció huérfana de caricias.

 

A los setenta… ¡Por fin la luz!

A partir de átomos, puntos de coordenadas que se doblan en los espacios, cabelleras de cometas que se peinan una vez cada setenta y cinco años, púlsares que presumen de medir el tiempo,…

 

puedes construir la infinitud

y entregarte de lleno al amor y erigir puertos y cabañas rodeadas de naranjos y viñas, de frágil duración, lugares donde el tomar el café entre sonrisas amables permite ver la vida desde un ángulo desconocido.

 

A los setenta y siete te pudiste

permitir el lujo de renunciar a la fama y concentrarte en escribir, durante los siguientes siete últimos años –que no es poco-, todo aquello que los demás no pudieron o no quisieron ver.

 

Sobre una tabla con siete cuerdas

depositaste tus lagrimitas ya disecadas y con tu rígido puño de rebelión y temblorosa caligrafía sobre papel inmaculado en una noche fría estuviste escribiendo

 

tu amarillo y ridículo testamento ológrafo.

Secreto, aún sin fecha, pero con la rúbrica extendida al margen de cada hoja, lo guardaste en un cajón de la cocina. Abogados y jueces se desvivirán por desentrañar su validez. ¡La voluntad sobre todo! (la Willenstheorie de Descartes). ¡Faltaría más!

 

¡Ah! ¡Ese listón de los ochenta y cuatro!

Tan duro de pasar, pero qué suerte haber llegado entero.

 

                                                                                                  Johann R. Bach

COMENTARIO (Leo P. Hermes)

 

Tres ciclos del cuarto múltiplo de siete determinan en nuestra vida, por orden, lo dulce, lo salado y lo amargo. Lo prohibido es el factor común a todos ellos.

 

El cuarto múltiplo de siete o ciclo de la luna

se compone de veintiocho ciclos circadianos o de veinticuatro horas -la noche y  el día-

 

El ciclo de las semanas,

de siete días, corresponde a cada fase de la luna. El Universo nos mete todo en paquetitos (clústers), con cintas de colores (los siete del Arco Iris) donde se ha grabado en cada una de ellas música con siete tonos (las notas musicales).

 

Y por último

los tres ciclos del cuarto múltiplo de siete componen una resultante de doce ciclos de siete años –en total ochenta y cuatro años- debido a que el número mágico es el de las constelaciones (el doce).

 

Así los dioses nos conceden

una vida corporal, de libertad erótica, por absurdo que parezca. Las semillas cosechadas, almacenadas en la infancia estallan con las primeras gotas de lluvia y concluyen hasta que se seca la última fruta.

 

 

                                                                  Johann R. Bach

11 sept 2014

encuentro gran placer al observar los cielos recostado sobre mi saco de dormir y al leer en mi agenda la lista de cosas sobre las que reflexionar

OBSERVANTE DE LOS CIELOS
Y DEL YO INESCRUTABLE

Observante de los cielos
y del yo inescrutable - como Kant -, me paseo en moto junto a los campos de girasoles; los pájaros azules son mis amigos, los guantes de cuero me cuidan los dedos mi alimento.

Tengo el presente por compañero
y por guía las horas distantes… Mi amor –esta vez se ha quedado en casa- es la primera maravilla de un harén formado por las estrellas de la constelación de Pegaso.

A los que me han conducido hasta aquí
se les llama olvido y cantan –si llueve- una canción del color del agua, que penetra en mi corazón ávido por una sensitiva puerta de oro.

Sorteando charcos y barros,
ruedo sobre mi montura mecánica y emprendo el camino fácil que, igual que todos los caminos, abandona los once dolores y

se aproxima al fin.

Me detengo bajo un gran abeto.
Mi pensamiento me dice donde me encuentro y mis ojos reconocen la flor de árnica mi gran balsámico,

Aún así nada me indica hacia donde voy.

La ignorancia del porvenir es mi vida,
mi vida que no puede vivir de anticipaciones. Sólo tengo la certeza de que soy el éxito del fracaso.

No deseo ni resultado, ni meta.

Sin embargo, encuentro gran placer
al observar los cielos recostado sobre mi saco de dormir y al leer en mi agenda la lista de cosas sobre las que reflexionar

mientras canta la luna al elevarse:

                                       COSAS PARA PENSAR

*El conocimiento es un viejo error
que piensa en su juventud.

*Los descontentos
y los desheredados de la tierra hacen la vida más bella.

*Las leyes están contra la excepción
y me pregunto por qué a mí sólo me atrae la excepción. ¿Soy yo mismo un error?

*¿Es el arte o la poesía el culto al error?

……………………   ………………..   ……………………   …………………..   ………………….

Siempre me dijeron
que el diablo me seguía día y noche. De ser así, podría deberse a que tenía miedo de estar solo… como si estuviera metido en la piel de un caballo.

Considerada como fenómeno estético
la existencia me es insoportable, pero gracias al arte, a la poesía, lo extraordinario me hace descansar de la vida, y es esa proyección la que me hace descansar de mí mismo.

Mientras se cierran mis ojos de té
voy a pensar que estas débiles líneas están escritas bajo la influencia de un espíritu angelical que me ama y eso me estremece.

¡Gracias al cielo!
lo peor ya ha pasado, y la prolongada dolencia está a punto de desaparecer; y la fiebre llamada "Vivir" ha sido vencida al fin.

                                                                 Johann R. Bach

10 sept 2014

Yo era ambicioso –lo reconozco-, Pero… ¿has conocido esta fiera pasión?

DIADEMA FEBRIL SOBRE LA FRENTE

¿Cómo explicar tantos cambios
contenidos en unos pocos lustros?

No he sido siempre como soy ahora;
la diadema febril sobre mi frente, la reclamé en tiempo y forma.

Ante el silencio administrativo habitual
o la contumaz negativa de amigos que no eran tales, afanosos vecinos, familiares envidiosos y clérigos celosos de mi fama en potencia, no tuve más remedio que

ganarla usurpándola;

Sí, sí; la misma herencia dio Roma al César, esta a mí.
La herencia de una mente regia y de un espíritu orgulloso que ha luchado triunfalmente con la especie humana y, en general, con la vida arraigada sobre este planeta.

Con el rocío de Los Pirineos
mi alma se imbuía de un sentir profano viviendo, en sueños, con sigilo su esencia que a mí se aproximaba.

¡Qué suerte la suya! –decían-;
nunca oí decir que todo lo que conseguí fue gracias a miles y miles de horas de continuado esfuerzo.

El mundo
con todo su séquito de belleza luminosa y feliz (pues para mí todo era un deleite indefinido),

el mundo, su alegría,
su parte de dolor, que yo no sentía, sus corpóreas formas de variado ser, que contienen los espíritus incorpóreos de las tormentas,

la luz del sol y la calma,
el ideal y las vagas vanidades de los sueños, terriblemente hermosos, las naderías reales de la vida de vigilia a mediodía

de una vida encantada,
que parece, ahora que miro hacia atrás, la lucha de algún diablo malo poseedor de poder que me dejó en alguna hora maligna,

todo cuanto sentí o vi o pensé
(lleno de belleza ultraterrena), acumulándose, confuso se convirtió en ti, y en la nada de un nombre.

¡Sí! Yo era orgulloso;
y tú mi diosa, que conoces algo de la magia de esa palabra reveladora, tantas veces pervertida,

comprenderás mi desprecio
hacia aquellos que nunca me hicieron aprecio, cuando este mail llegue a tu ordenador.

O bien comprenderás cuando oigas
en el viento que era quebrantado el espíritu orgulloso, que ardía en agonía el corazón orgulloso a una palabra o muestra de reprensión de aquellas personas a las que me acerqué tan inútilmente.

Yo era ambicioso –lo reconozco-,
Pero… ¿has conocido esta fiera pasión?

No, tú no, mi amor.

Siendo yo un simple observante de los cielos,
señalé como mío un escaño, un sillón sobre la mitad del mundo. ¡Y me quejaba de tan humilde suerte!

Pero me abandonó,
como un sueño que con paso ligero huye como la escarcha bajo el sol, ese ardiente pensamiento, y desde entonces,

ya no me agobia el rayo de la belleza
que dura toda la vida, más bien me preocupo de permanecer junto a él aunque caiga a centenares de kilómetros sobre otro mar.

                                                                Johann R. Bach

9 sept 2014

he escuchado una voz que invadía -la de la diosa Vagalume-

VOLVER A LA VIÑA

Vuelvo, por enésima vez, a la viña de mi infancia.
La gatita ha crecido desde mi última visita y ya tiene un gatito el primero fruto de sus correrías nocturnas. Bórax aún no es adulta aunque su cabeza de mastín de Burdeos es enorme.

Duermen juntos
-a pesar de no ser de la misma especie- como el resto de las manchas de grasa en el garaje. Sólo buscan de sus dueños caricias y proteínas diarias.

Yo que he buscado la libertad
en las palabras, en el lenguaje de varios idiomas y no soy más libre -creo- que esos animales domésticos en sus silencios.

Miro el horizonte teñido de rojo por la viña
y tengo la sensación de que robé el hilo con que se zurcieron nuestras lenguas y habiéndolo cortado en pequeños fragmentos, como palabras traducidas, intento hilvanar solamente las sílabas más importantes...

Bórax –ese pequeño monstruo-
me empuja la pierna para que la acaricie: las horas de soledad guardando la viña hacen mella en su aún tierno corazón;

miro sus enormes dientes
que asoman, temblorosos, y no es a causa de que ría a carcajadas; son como una sierra que busca abrirse paso ciegamente hacia el futuro árbol a abatir.

Después de mirar cómo corretean
durante un buen rato dejo de observarlos concretamente uno a uno, y paso a percibir tan sólo un baile de formas y colores apagados,

una liviana coreografía de saltos
y carreras contra el ocre plateado del estanque colmado por las últimas lluvias.

En esos momentos la vida es
ese zigzagueo impredecible, un mapa de impulsos eléctricos que sólo parecen concertarse en los ojos del observador

como si la distancia euclidiana
fuera también un préstamo de tiempo capaz de igualarlo todo, de nivelarlo sin resistencias.

A la larga,
la erosión de los años deja en nada las muescas, los salientes, los detalles característicos, y eso justamente me parece sentir ahí en medio de esa sacra viña.

Con las manos en los bolsillos,
balanceándome apenas contra la valla que separa la finca del olor a bosque sagrado

oigo el rumor lejano de un tractor
y las voces de los compañeros paseantes que se mezclan extrañamente a mis espaldas.

Vuelvo a fijarme en la alegría de los animales,
en cómo celebran nuestra compañía, entregados libremente a su paseo junto a nosotros.

Es como si en su interior
tuvieran una mancha palpitante que muchos veterinarios confunden con el corazón,

un borrón que se mueve caprichoso
y que dicta sus brincos, sus carreras, sus vueltas y revueltas nerviosas sobre las primeras hojas caídas de los árboles caducifolios.

El nuestro –a diferencia del suyo-
es un mundo de palabras: a la quietud la llamamos "silencio", que es la palabra más simple de todas.

La naturaleza entera habla,
e incluso las cosas ideales emiten vagos sonidos con sus alas visionarias;

¡pero, ay, no es así
cuando de esta manera en los reinos de lo alto pasa la voz eterna del propio Universo y en nuestro cielo los rojos vientos cesan!

Me he quedado quieto,
no respiro, pues he escuchado una voz que me invadía -la de la diosa Vagalume-

¡con qué solemnidad!
el aire en calma, sonido del silencio para el medroso y duro oído al que los soñadores poetas denominan

"la música de las esferas".

                                                                                     Johann R. Bach

5 sept 2014

también ¿por qué no?, existe la lluvia burlona sobre los rizos de la piel del astracán,

NO ES TRISTE ESTA LLUVIA

 

Mira mi amor, vuelve a llover.

 

Parece que la lluvia huérfana

de otros veranos vuelve con sus deditos a dibujar en el cielo siete luces de colores.

 

Esos hilos de agua de linfa cosquillosa,

Hacen de la música de la radio algo que rompe el silencio, precisamente, cuando los canarios, estrujados en el dédalo verde y amarillo de sus jaulas languidecen y callan.

 

Con todo, no es triste esta lluvia blanca,

esta lluvia de simiente, que besan los campos en la frente de aquellos que viven del grano como si fuera una doncella.

 

Los avellanos y los almendros

la consideran traviesa al ver como sus gotas brincan sobre sus hojas.

 

Otras lluvias

pueden no parecerse a estas de septiembre. Hay una lluvia gris, por ejemplo, la lluvia vagabunda, que busca en sus caminos, en la estela de los cuervos o en las cloacas de la gran ciudad.

 

También hay una lluvia miope

de ventanales ahumados, que lee a Rimbaud, a través de los libros apolillados y

 

también ¿por qué no?,

existe la lluvia burlona sobre los rizos de la piel del astracán, la lluvia de perlas de las mil y una noches en el terciopelo de las rosas profundas

 

y, desde luego,

sobreviven aún la lluvia fina, la lluvia antigua, que satisface a la sabiduría de las gallinas dormidas

 

y la lluvia familiar,

la lluvia de la buena vecindad, la lluvia de codos azules, que viene con su túnica agujereada a respirar los olores leñosos a la puerta de las panaderías.

 

Con todo, no es triste

esta lluvia blanca de septiembre y he huido del agua, espejo de estrellas para cantar a tu mano sobre la mía.

 

                                                                 Johann R. Bach

4 sept 2014

Ángel de la Noche compañero llovido del cielo, ...

BLUES EN LA MOSELSTRASSE

 

Ángel de la Noche

compañero llovido del cielo,

 

Haz que no vuelva su rostro

quien no quiso mirarme más allá de las habladurías, que sus ojos no me busquen sostenidos y desafiantes

 

por detrás de la barra del Chaplin.

 

Que no pregunte mi nombre

a personas que nunca hablarán bien de mí y no se acerque a pedirme el beso.

 

Si prefiere mantenerse silenciosa

en su taburete haz que todos se vayan y este bar se vacíe para dejarnos solos con el blues más desgarrador y lento.

 

Si decide abandonarme,

que la luna disponga su luz en nuestro último beso y que las calles sepan también dejarnos solos.

 

Ángel de la Noche

compañero llovido del cielo,

 

haz que calle también el águila

sobre los altos árboles de la Dickhardstrasse, que se retrase el día y que duren tus sombras el tiempo necesario.

 

El tiempo que ella tarde en arrepentirse.

 

                                                                         Johann R. Bach


NOTA; Cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia. BLUES EN LA MOSELSTRASSE  es sólo la letra de una canción para ser adaptada a un ritmo de blues y a petición de una Banda musical de Barcelona

Mi corazón oscila ... y se desliza por el filo de un párpado lamparilla de la miseria

EL FILO DE UN PÁRPADO

 

Ya sé que no basta la elocuencia.

 

Mi corazón oscila

en noches como aquella plagada de estrellas y se desliza por el filo de un párpado

 

lamparilla de la miseria

 

que no alcanza a iluminar tu noche.

Sin embargo, si alguna vez crees que la vida no fue generosa contigo, acuérdate de mí,

 

Que no puede cansarse de esperar

aquél que no se cansó nunca de mirarte.

 

                                                                   Johann R. Bach

3 sept 2014

gorgoteos de sed de justicia radical, frutos de mar y flores de olas,

UNA EDAD CRÍTICA

 

En cierto modo

no tuve más remedio que seguir sus dictados ¡y qué profunda entonces, qué profunda la pasión de sus sueños!

 

Descubrí el día.

Conocí gentes que, formalmente, eran superiores a mi condición, oí conversaciones de palabras lentas y aquilatadas.

 

Hablo de aquella edad

que me otorgó la sensación de verme en un mundo inmediato, la gran ciudad que nos llama, en los mismos lugares,

 

en las mismas penumbras

donde hay ojos que siguen el deseo desnudo de los míos, amor que pide crédito a largo plazo,

 

razones que parecen buenas razones.

 

Pero de pronto

cambia el mundo en la gran ciudad: huelgas que muestran desequilibrios y humillaciones hasta el punto de desencajar las mandíbulas de los contenedores de basura;

 

luego, hacia las doce

en el reloj de la luna, la más vaporosa de las lunas, baja, sigue bajando, y baja con su centro

 

sobre la corona de la eminencia

de la montaña de Montserrat mientras su amplia circunferencia en gratas colgaduras cae sobre la ciudad, sobre aposentos,

 

sobre todo ser somnoliento,

y los entierra por completo en un laberinto de luz.

 

Los átomos de esa luz se deshacen en chubascos, de los que esas mariposas terrestres, que el cielo buscan y que descienden de nuevo

 

(¡seres nunca satisfechos!),

una muestra se han traído en sus alas temblorosa.

 

Sí, sí; hablo de aquella edad

en que no tuve más remedio que aceptar globos de esperanza, estrellas de locura -como ya he escrito sobre ello en alguna otra ocasión-,

 

zarzas de odio, pompas de arcoíris,

 

orquídeas de amor,

lianas de traición, gorgoteos de sed de justicia radical, frutos de mar y flores de olas,

 

palomas diáfanas,

pájaros en un cielo de agua; y, en definitiva hablo de una edad en que esos querubines acróbatas de nácar

 

pintaron para mí una aurora

en el fondo del mar.

 

                                                         Johann R. Bach

 

2 sept 2014

La marea negra invadirá ese lugar paradisíaco,

PLAYA DE ARENA BLANCA

 

Algún día, súbitamente,

la playa de arena blanca se deshará del nombre que habitó durante tantos años:

 

La marea negra invadirá ese lugar paradisíaco,

excluirá de su tiempo nuestros recuerdos y absorberá toda la luz de las islas.

 

Para entonces los turistas

ya habrán desaparecido en busca de algún otro lugar donde poder tomar el sol junto al mar.

 

Sólo imágenes rotas y edificios

-descuidados y oxidados por la lluvia ácida- que guardan en sus ojos órdenes de silencio serán testigos

 

de algo que, sin duda, ha de pasar

si los que tienen derecho a decidir no lo ejercen.

 

                                                             Johann R. Bach

Y aunque todo concluye, en la memoria de la piel amada nada se calma.

TEMPS DE CERISES

 

Cabizbajo

y asumiendo tus errores, visto para sentencia queda el Tiempo de las Cerezas1) y la luna blanca.

 

Como en noche de nieve,

el lobo que cruzó los campos ha marcado sus huellas. Las conoces, sabes qué significa

 

dejar de amar,

dejar de ser amado, sentir que los minutos se corrompen en el muelle de la vida.

 

Pero luego ten orgullo y valor,

no digas nada sino en presencia de tus abogados que se llaman memoria, experiencia y deseo.

 

Y aunque todo concluye,

en la memoria de la piel amada nada se calma.

 

Que no te resignes a perder

lo que perdiste no da tranquilidad, sino vacío.

 

                                                         Johann R. Bach

 

1)      1.- Temps de Cerises: Marcha militar francesa

31 ago 2014

ya sólo tiene sombras que apretar en la mano, fantasmas como saldo, un camino de cielo borrascoso.

AMANDA BLUES

Está sola Amanda, la de los labios alegres.
La Diosa del Puerto Atlántico. Para seguir caminando se muestra despegada de las cosas. No lleva nunca bolsos grandes ni gafas oscuras:

no necesita provisiones
ni ocultar sus almendrados ojos.

Los días pasan duramente para Amanda
La Diosa del Puerto y al final de la tarde piensa en lo sucedido, en aquello que le hizo doblar otra esquina en su vida,

ya muy pocas cosas la conmueven:

el acierto imprevisto de las olas
del que pudo vivir su propia vida en el seguro azar de amar y tomar conciencia de un Universo de Besos parece buscar el olvido;

así, naturalmente, pobre aunque sin deudas,
ni banderas incomprensibles para una sociedad que se hace llamar feliz en su calle Amanda la Diosa del Puerto llora ante el televisor.

¡Amanda, Amanda! La de los labios rojos.
Como en un grito dijo amor y se poblaron sus cejas de ceniza. Aún tan joven y viuda ya con dos criaturas que piden crecer con su mirada.

¡Amanda, Amanda! La Diosa del Puerto
con la paz y su amor entre las manos

había dicho, con ilusión,
la noche anterior la palabra mañana. Los ojos se le anegaron de lágrimas por el presente y

ya sólo tiene sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo, un camino de cielo borrascoso.

Soledad y recuerdo,
dos palabras que suelen apoyarse en los hombros heridos de una mujer que sólo aspiraba, como la Diosa del Puerto que era, a amar y ser amada.

¡Amanda, Amanda! La de los labios alegres.
Todos saben que no quieres renunciar a aquello para lo que has nacido y que con los años precisos te preparaste para vivirlo.

¡Amanda, Amanda!
Para seguir tu camino deberías aceptar que la vida se refugie en una habitación aunque no sea la tuya.

La luz se quedará, sí,
siempre detrás de la ventana y al otro lado de la puerta escucharás los pasos de la noche y la música de blues como consuelo.

Sabes que es necesario
aprender a vivir en otro mundo, en otro amor, en otro tiempo. Tiempo de blues en la penumbra y olvido:

Dicen que tu tristeza Amanda,
aún siendo inconsolable, sólo ha de durar dos años.

                                                            Johann R. Bach

COMENTARIO DE KARLA VAGALUME

Me encanta la sencillez del mundo de Amanda, de su amor por dar , de su camino todavía sin andar...

Pero te olvidas de una cosa: Amanda ya no está sola, un fino velo de amor y dulzura protege su caminar. Su mente ya se halla unida a un alma con sentimiento tan grande que teme su silencio.


COMENTARIO DE ROSA

Hola Johan. A través de google + he podido llegar a este precioso blog y leer tan hermoso texto repleto de sensibilidad y ternura, de amor y de sufrimiento, como la vida misma.
Con su permiso, le sigo y le mando un abrazo.
Rosa.

gane quien gane esta guerra le enviarán a un campo de concentración el tiempo suficiente para debilitar su vigor

EL MONÓLOGO DE PAUL LAFITTE (VII)
                  
Pocas noches de luna me gustaron
durante mi encierro en ese humilde cobertizo. El alfabeto de las estrellas que silabeaba cuanto me permitía el cansancio del día y del que sacaba otros conceptos y otras esperanzas me indujeron a escribir.

Pocas noches de luna me gustaron,
sin embargo, fueron suficientes para grabar en mi memoria la conjunción, como en un eclipse de sol, la tristeza, la soledad y la esperanza.

¡Suba abuelo! ¡Suba al camión!
Comprendo muy bien que no quiera abandonar su querido pedazo de tierra, pero piense que gane quien gane esta guerra su jardín de alfalfa y trigo será confiscado;

gane quien gane esta guerra
le enviarán a un campo de concentración el tiempo suficiente para debilitar su vigor y los nuevos propietarios de su hacienda se habrán consolidado como personas honestas y honradas.

¡Suba abuelo¡!Suba al camión!
Su verdadero tesoro son esas tres orgullosas margaritas que lamen sus propias heridas para que cicatricen pronto. Derrochan amor porque es su única oportunidad de sobrevivir.

Lo peor de la guerra está aún por llegar:
las fuerzas de ocupación violaran a millones de mujeres; encarcelarán  y torturarán a millones de hombres por el sólo placer de verlos sufrir. Millones de jóvenes estarán desocupados y alcoholizados y nutrirán las filas de la delincuencia.

En los países vencedores la vida no será mejor:
en las calles de París, por haber dado amor a soldados enemigos, se arrastrará a miles de mujeres desnudas, rapadas e insultadas; se les duchará en pleno invierno con los hidrantes públicos a los que sólo tienen acceso los bomberos.

Los pequeños países serán borrados de los mapas y sus lenguas prohibidas durante decenas de años o quizá siglos y las bocas de sus habitantes serán tapadas con la palabra democracia;

en nombre de la democracia
se les condenará a ser ciudadanos de tercera y miles de funcionarios serán expulsados de sus puestos: los alguaciles ya no hablarán la lengua de esos sacrificados lugares.

¡Suba abuelo! ¡Suba al camión!
¿Quién enseñará a sus hijas, aunque sea de forma parcial, a regar los campos? ¿Quién les enseñará a sortear las dificultades que se les vienen encima?

¡Suba abuelo! ¡Suba al camión!
Se hace tarde y las princesas no deberían ver el infierno que va a caer sobre nuestros hombros. Le necesitamos para que nos conduzca por los caminos que sólo Vd. conoce palmo a palmo;

le necesitamos para que nos aliente
con su sabiduría; para que, con sus palabras, crezca nuestra esperanza; le necesitamos para sobrevivir.

¡Suba abuelo! ¡Suba al camión!
¡Coja el volante y no pare hasta sacarnos de este mar de fuego y odio!

                                                              Johann R. Bach

COMENTARIO DE BÁRBARA

Es encantador ver como una persona que lo pasó tan mal, no guarda rencor y decide ayudar a las otras una vez que se tuerce la balanza y ahora se encuentran ellas en el lado " feo y desesperante " de una guerra...

Es lo más bello que puede sacar una persona de su hermosa alma : tenderle la mano a aquel que no lo consideró un igual.

Ese es el valor de corazón que se necesita en el mundo.
Me encanta saber que todavía existen bellos y grandes universos en algunas personas..

COMENTARIO DE IMANOL

Dices tantas cosas en tan poco espacio. Muy bien.