22 dic 2011

BARCELONA NACIÓ CON LOS GRANADOS (Cap. 8)

Capítulo 8

 

·         Insuficiencia respiratoria

              OXIGENO 30 CH (200 CH)

 

Te faltó el Oxígeno 30 CH1

 

Comenzaba el verano,

como monjas tempraneras las golondrinas

alzaban sus tocas blancas y negras

y tú querías irte.

 

Me parecía imposible que tu cuerpo

a pesar de la luz del sol, quisiera reposo

y olvidara la ternura de aquellos días.

 

Porque todo era bello

cuando tú estabas entre nosotros,

y ahora sólo podríamos llevarte flores

y decirte adiós con música o con poemas

y revivirte entre sueños y alegrías.

 

Era un día de verano y tú querías irte.

Sobre la mesa había una chichonera2,

en la que guardabas los huevos de zurcir;

redonda y de ligero mimbre que tú

docta cigüeña, tan algebraica,

habías construido sacándole a las tardes

la raíz cuadrada.

 

Era un día tan bonito que la tristeza

nunca habría podido enamorarte.

Tan dulce era, que no podías saber

que el oxígeno te negaba la belleza

que los mismos dioses y los gorriones

te habían olvidado

porque las migajas

que se secaban en la ventana

apenas si daban para una mirada.

                                             Elisa R. Bach

 

(1)      Medicamento homeopático

(2)      La chichonera era una especie de casco hecho de mimbre que protegía la cabeza de los niños. Era redondo como un neumático de coche. Cuando los niños se hacían mayores se reutilizaba como cesto de costura.

 

Con frecuencia, mientras miraba la calidad de una estructura de gafas, me la imaginaba dotada de unos lentes con los que podías ver el futuro, pero poniéndolos del revés pudieras ver el pasado. Hubo un día que esa sensación era tan fuerte como la realidad: mirando las gafas del revés "vi"

a mi madre bajando del autobús jadeante, roja la cara y tambaleándose. Se tumbó en el suelo con una sensación de mareo como nunca antes lo había sentido.

 

En un último segundo de lucidez debió pasar por su pensamiento la sospecha de lo que estaba ocurriendo: mientras abría la boca para inspirar la última bocanada de aire, debió pensar en todos nosotros. Debió pensar que siempre hizo todo lo posible por aceptar la vida y de la misma manera se dispuso a dar el paso final, a pesar de la rapidez que su conciencia estaba pasando el umbral que conduce al Inframundo. Con una cierta sonrisa debió de aceptar el desenlace. No fue una maldición porque su sufrimiento fue mínimo. Todo pasó como si en unos pocos segundos todo el mar de sufrimientos en el que había vivido se hubiera apaciguado.

 

En aquellos días yo trabaja en la Editorial Salvat de correctora. Era un trabajo muy bien remunerado. Nos pagaban a razón de 50 Pesetas/hora. El trabajo consistía en leer atenta y alfabéticamente una enciclopedia tras otra, anotando en una ficha cualquier falta o errata. Trabajando diez o doce horas los sábado y otras tantas los domingos ganaba suficiente para pagarme la pensión de la Calle Joaquim Costa y mi manutención. Ganar mil pesetas a la semana cuando un obrero normal ganaba ochocientas cincuenta pesetas al mes da idea del nivel de vida de los afortunados que trabajaban en aquella época en la Editorial.

 

Por mis manos pasaron todas las sílabas, una por una de tres enciclopedias famosas en aquellos momentos. Yo siempre estuve orgullosa de la corrección "Salvat 4" y "Vector 1" (enciclopedias que se publicaban por fasículos) y "Universitas" una enciclopedia de pretendida calidad divulgativa, plagada de conceptos rancios y "demodés". El trabajo era aburrido, pero allí conocí a gente como Marco que estaba metido en política hasta el cuello y que luego participaría en la Asamblea Constituyente de lo que fue el SDEUB (Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona) y Carles Urritz autor de la traducción al catalán de la famosa novela La Catedral del Mar. Él fue el corrector de ese título transformándolo en la Iglesia del Mar.

 

Cuando aquella insuficiencia respiratoria acabó con la vida de mi madre, ya hacía tiempo que no me hablaba con mi hermano. A partir de un momento de su vida (hacia los veinte años) mi hermano desapareció prácticamente de nuestra casa. Se había ido a vivir con una mujer bastante mayor que él, por eso cuando lo volví a ver en el entierro de nuestra madre, apenas lo reconocí. Sin pelo y con unos diez kilos de más su figura ya no me era familiar.

 

Mi hermana, a pesar de los novios que tuvo, siempre había reservado algunos momentos para visitarme cuando aún estaba yo en casa y posteriormente en la pensión. Estudió ATS para acabar pronto la fase estudiantil y se casó con uno de esos locos simpáticos de la época que bebía güisquis los sábados por la noche en la Pla Real y escuchaba música de jazz en el Jamboree; trucaba el motor de cualquier seiscientos que le pusieran en sus manos y bailaba de vez en cuando en el San Carlos al ritmo de "Los Sirex" y "Los Brincos". El "Bocaccio" era demasiado finolis para él.

 

Mi hermana tuvo con Toni un hijo que nació con una dificultad digestiva de forma que su vida no fue viable, muriendo a los seis meses. Tuvo luego dos niñas más antes de que Toni se estrellase con uno de sus coches trucados. Al verse viuda, entró a trabajar en la Residencia Generalísimo Franco (posteriormente, Residencia del Valle de Hebrón), reanudó los estudios de medicina, pero al licenciarse no abandonó su plaza de ATS. No podía renunciar a un sueldo doble del que le ofrecían como médico. Cuando vine a París perdimos el contacto. Desde entonces no he vuelto a saber de ella. A través de alguien que no recuerdo exactamente quién fue, me enteré que se casó por segunda vez con Eduardo, "un señor que vendía pianos". Pero no tardó en separarse de él porque maltrataba a las niñas.

 

Sé que tengo una prima, Cinta, que se casó con un muchacho francés y se fue a vivir con a Tours. Nuria era una de los cuatros hermanos, hijos de mi tío Pedro (primo de mi madre), gran ególatra, cantante de ópera frustrado. Narcisa, hermana de Cinta, gran aficionada a la natación se suicidó, el hermano pequeño, Pablo, cayó de un balcón y su inteligencia quedó mermada en gran parte, pero sobrevivió; y, Carmen, la mayor, hizo unos cursos de contabilidad y se colocó en las oficinas de la Hispano Olivetti y desde entonces nada he sabido de ella.

 

El resto de familia por parte de mi madre, a excepción de mi tía Pilar (su hermana), hermanos, primos, tíos, etc. vivían distribuidos entre Alicante, Valencia y Mallorca y nadie les avisó de su muerte. Mi tía Pilar era la única que nos visitaba regularmente mientras fuimos niños y siempre nos traía algún regalo: un duro de plata, una harmónica, un pañuelo o simplemente alguna tableta de chocolate que obtenía del Hotel Ritz donde trabajaba en la lavandería. Se mantuvo soltera con un novio que era casado hasta que éste enviudó. Se casó finalmente con él y tuvo un hijo al que sólo habré visto media docena de veces. Las hijas de él – veinte años mayores que el niño- lo recibieron con mucho cariño.

 

Ramón, hermano de mi madre, siguió la saga marinera y llegó a ser Capitán de la Marina Mercante. Estuvo siempre destinado en Cartagena y no lo llegué a conocer. De él sólo sé que se casó y no tuvo hijos.

 

En Denia una prima de mi madre tenía una peluquería que era muy divertida, pero no pensaba en otra cosa que en ganar dinero. Se casó a la edad de 45 años con un director de un banco creyendo que por lo menos alguna pequeña parte del banco era suya porque le enseñó unos papeles haciéndose pasar por accionista del Banco. Pero una tía suya, Rosita –ignoro el grado de parentesco que yo tenía con ella-, se casó a los sesenta años con un labrador y vinieron a hospedarse a casa en su viaje de novios.

 

Otro primo de mi madre, José, parecía el rico de la familia. Fumaba puros todos los días y tenía una hija simpatiquísima, que debía ser también prima mía. José montó la primera fábrica de juguetes de Denía. Eran juguetes de plástico inyectado. ¿Quién hubiera podido decirme que yo sería una experta en control de calidad de toda clase de piezas mecanizadas y/o moldeadas por inyección a presión?

 

Por la parte de mi padre la familia también era numerosa. Mi padre era el número once de doce hermanos. El número doce emigró al Canadá y nunca llegué a conocerlo; al parecer murió de tuberculosis. Entre los doce, cuatro eran mujeres: María que se hizo monja, Margarita que se casó con un tal Ricardo que presumía de ser una persona adinerada y finalmente resultó ser un pobretón sin ganas de trabajar, Concepción, la mayor, que se desvivía por ayudar a todos los hermanos y Carmen que se casó con un oficial de la Guardia Civil teniendo siempre domicilios diversos; el último fue en Castellón.

 

Los hermanos de mi padre se llevaban muchos años entre ellos. El mayor de todos, Carlos, se colocó a trabajar de funcionario en los Juzgados de Barcelona. Murió siendo yo muy niña al caerse bajando de un tranvía. Con la pelvis rota llegó por su propio pié a casa y al enfriarse la cadera falleció. Manuel se casó con una maestra de escuela de Viladecans y era enemiga del trato social con la familia de mi padre; tuvieron dos hijos (primos hermanos míos), Fernando y Alicia.

 

Nunca tuve trato con ellos, pero llegué a saber que Manuel, de oficio zapatero remendón, era el que reparaba el calzado que sus hermanos menores destrozaban jugando a fútbol. Cuando se jubiló, dejó el taller donde había trabajado toda su vida y desde aquel momento empezó a ganar el dinero a espuertas haciendo calzado a medida por encargo.

 

 Otro de los hermanos, Juan, se casó con una mujer adinerada y tuvo con ella dos hijos Miguel que se hizo músico y emigró a Finlandia y Carlos, que se dedicó siempre al comercio (su mujer Inés tampoco quería saber nada del resto de la familia).

 

Desconocía cuántos primos y primas tenía y que según mi hermano se contaban por docenas. Al entierro de mi madre no acudió nadie. La enterramos en el Cementerio de Collserola y a la ceremonia vinieron sólo mis hermanos y algunos pocos amigos de la Facultad.

 

Con una familia como la mía, las dificultades nacían por todos lados, pero Yvette me ha enseñado que la risa, junto con el sueño y la esperanza son, probablemente, tres cosas que el cielo ha concedido al ser humano como contrapeso a las penalidades de la vida. La distancia entre todos mis familiares y yo era tal que nunca me sentí ligada a ellos. Ahora, por primera vez en mi vida siento que con Ivette he empezado a tener una familia.

 

Yo ya sabía que soñar de noche o, quizás mejor, a pleno día y bien despierta, me ayudaba a proyectarme hacia tiempos mejores, es decir, más complacientes en el orden material y también en el orden espiritual y me suavizaba el alma, pero Yvette me enseñó a vincularlo a la esperanza. Por eso cuando estaba gravemente herida a consecuencia de aquel desgraciado accidente provocado por la rabia y la humillación yo sabía que se recuperaría porque lo soñaba de noche en casa y de día junto a su lecho en el hospital. 

 

A menudo cuanto más absorta estaba en mi pasado, el sonido de una sirena me sacaba de mis pensamientos y mis recuerdos volvían a desaparecer. Era la hora de la comida. Normalmente íbamos varios compañeros a un restaurant tres calles más debajo de la fábrica. Los trabajadores y empleados íbamos a comer por turnos. El primero de 12.00 h. a 13.00 h. y el segundo de 13.00 h. a 14.00. Yvette y yo comíamos en turnos diferentes para evitar ir juntas. Casi siempre me acompañaban Bebert y Claude su mujer.

 

Bebert, que en realidad se llamaba Robert, era un mecánico ajustador, que estaba acomplejado por su corta estatura y por las gruesas lentes de una miopía de alta graduación. De unos cincuenta años se había casado recientemente con Claude, una hija de campesinos, que no había salido nunca de Bernais. Cuando se conocieron Claude sólo pensaba en marchar a París; y, no pasó mucho tiempo en arrepentirse de su matrimonio. Bebert la vigilaba constantemente. Sus celos se hacían patentes en cualquier conversación que Claude mantuviera con algún compañero, por eso le tranquilizaba que yo fuera a comer con ellos cada día.  

 

Claude tenía el tipo de una diosa, pero su cara de pómulos hundidos y su prognatismo exagerado de la mandíbula inferior junto a un carácter soso y conversaciones triviales y/o superficiales mantenían a raya a todos los compañeros del taller. Cierto día, me pidió que la acompañara al banco a hacer unos ingresos de dinero. A las doce en punto cogimos el 2 CV de Claude y fuimos al Banque du Comerc. En cinco minutos salíamos del banco hechas ya las gestiones.

 

Al subir al coche Claude me puso su mano sobre mi rodilla. Sus ojos le brillaban y los párpados superiores parecían haberse aflojado. Acerqué mis labios a los suyos y su lengua resbaló sobre la mía. Le introduje dos dedos en su vagina mientras que con el pulgar acariciaba su enorme clítoris. Le asaltaron múltiples orgasmos. La técnica empleada por Yvette daba buenos resultados no sólo conmigo. Comimos apresuradamente en diez minutos un plato combinado para estar de regreso justo a la una de la tarde para reanudar nuestras tareas.   

 

21 dic 2011

AMPLIACIÓN DE NUESTRO BOTIQUÍN DE URGENCIAS

                                 BOTIQUIN

Medicamentos homeopáticos de urgencia para el viajero

 

 

·         ACONITUM 9 CH: fiebre. Estados febriles iniciales. Instalación brutal, súbita, después de un enfriamiento; por golpe de aire seco; sin sudores. Agitación y ansiedad. Neuralgia facial. Aconitum es el agudo de Sulfur. Debilidad cardiaca. Manos y pies fríos.

 

·         ACTEA RACEMOSA 9 CH: Dolor de cervicales. Empeora con la llegada de la regla. A más regla, peor se encuentra. Persona parlanchina.

 

·         ALFALFA 4 DH: En caso de deshidratación 4 gránulos cada 5 minutos.

 

·         ALLIUM CEPA 5 CH: Rinitis. Conjuntivitis. Tos.

 

·         ALOE SOCCOTRINA 15 CH: Diarrea

 

·         ANTIMONIUM CRUDUM 9 CH: indigestión. Remedio de acción gástrica. Lengua blanca, vómitos, náuseas. Erupciones agrias después de una comida abundante. Es el remedio de los glotones sujetos a indigestiones. Contestan a las preguntas casi gruñendo, aunque son muy románticas. Obesidad por exceso de alimentación.

 

·         ANTIMONIUM TARTARICUM 9 CH: Dificultad para expectorar. Sequedad pulmonar.

 

·         APIS 9 CH: inflamación. Se denomina "la cortisona de los homeópatas". Remedio de la inflamación rosada, con dolores punzantes y calor intenso que mejora con el frío. Ausencia de sed. Todo tipo de edemas. Inflamación aguda de la garganta. Edema de Quincke. Picaduras de insectos. Alergia desatada por la presencia de harina (alergia de los panaderos). 

 

·         ARGENTUM NITRICUM 9 CH: Trastornos digestivos y del sistema nervioso. Fobias y miedos (útil en aviones, entre multitudes, etc.). Individuo de facciones hundidas con muchas arrugas en la piel. Deseo compulsivo de chocolate. Rechaza los alimentos fríos. Afonía por inhalación de humo de tabaco.

 

·         ÁRNICA 9 CH: Remedio de traumatismos (físicos y psíquicos); fatiga mental o física. Después de un esfuerzo físico (un partido de tenis,...). Afonía súbita. Hipertensión. Retinopatías agudas.

 

·         ARSENICUM ÁLBUM 9 CH: intoxicación por comer pescado (por comer carne Nux vomica) o hielo. Gastroenteritis, diarreas y vómitos. Es el mejor remedio sin duda de las intoxicaciones alimentarias. Temores nocturnos. Falta de resistencia física o psíquica. Útil en alta montaña.

 

·         AURUM 9 CH: hipertensión y mal humor en reuniones familiares. Preventivo de suicidios.

 

·         BELLADONNA 9 CH: fiebre e inflamación. Inflamación con calor, rubor y dolor. Fiebre alta de 4Oº con sudores y postración. Sed intensa. Gran remedio de la insolación junto con APIS. Útil en trabajadores de parquins.

 

·         BELLIS PERENNIS 15 CH: El mejor medicamento para los traumatismos en el útero y la mama junto con Conium.

 

·         BRYONIA 9 CH: Dolor de rodilla. Dolor por cólico nefrítico. Lumbago. Diarrea al menor movimiento. Anginas.

 

·         CALCAREA CARBONICA 200 CH: Cólico nefrítico.

 

·         CANTHARIS 9 CH: quemaduras. Herpes labialis con flictema. Quemaduras superficiales con ampollas, con síntomas de escozor, picor, ardor, Cistitis y Uretritis. Micción sanguinolenta. Enuresis en la posición de decúbito.

 

·         CAULOPHYLLUM 200 CH: Falta de fuerza al cerrar la mano. Espasmos vaginales con mucho dolor por miedo.

 

·         CAUSTICUM 9 CH: Ampollas en los talones por andar. Afonía. Malestares diversos a las 6 de la tarde.

 

·         COCA 15 CH. Falta de oxígeno. Mal de altura. Insomnio en altitud

 

·         COCCULUS 9 CH: mareos. Remedio del mareo en los transportes con náuseas, cólicos y vómitos y lipotimias que se agrava al aire libre, a diferencia de TABACUM que tiene los mismos síntomas pero mejora al aire libre, y PETROLEUM que se agrava con los olores fuertes de carburantes, per que mejora comiendo algo.

 

·         COLOCYNTHIS 9 CH: Dolor abdominal agudo. Punzadas histéricas en vientre izquierdo que mejoran doblándose por la cintura (derecho: Magnesia phosphor).

 

·         CHAHOMILLA (niños: 9 CH, adultos 200 CH): calmante. Inflamación e hiperestesia. Dolores abdominales por exceso de gases. Agitación extrema con hiperestesia al dolor (cólicos intestinales, dismenorreas y dolores intolerables...). Útil para desintoxicar a personas muy medicalizadas (en diálisis o en postoperatorios p. e.). Es el medicamento infantil más importante (dentición, digestión, nerviosismo, sueño).

 

·         CHINA 9 CH: hidratación. Remedio de las hemorragias de cualquier tipo, como también de las diarreas con mucho gas motivadas por frutas verdes, que contienen restos alimentarios, con gusto amargo y meteorismo abdominal total. Repone las pérdidas de líquidos orgánicos. En 7 CH es útil en la hipotensión. También cura muchos acúfenos y tinitus.

 

o             Combinado con SÉCALE y SABINA en las reglas abundantes.

o             Con ARSENICUM ÁLBUM y VERATRUM ÁLBUM en las diarreas.

o             Con COLCHICUM y LEDUM PALUSTRE en las crisis de gota.

o             Con PHOSPHORUS y MlLLEFOLIUM en las epistaxis.

 

·         DROSERA 9 CH: tos. Quintas de tos sobre todo tumbado en la cama. Tos blanda con vómitos y cianosis. Disnea y espasmo laríngeo.

 

·         EUPATORIUM 9 CH: Gripe. Dolor de huesos. Virus intestinales. Dolor de cabeza y dolores oculares.

 

·         EJE CORTICO-HIPOTALAMICO 7 CH: Angustia, preocupación, ansiedad. 4 gránulos cada 5 minutos (4 tomas)

 

·         EUPHRASIA 9 CH: Conjuntivitis.

 

·         GELSEMIUM 9 CH: Gripe. tranquilizante. Nerviosismo, miedo, trac ante un acontecimiento importante. Se acompaña de poliuria, diarrea y temblores. Miedo a volar o a los exámenes usar en 30 CH.

 

·         FERRUM PHOSPHORICUM 9 CH: Antiinflamatorio menos grave. Dolor en el hombro izquierdo. Escolares con dolor de cabeza.

 

·         HEPAR SULFUR 9 CH: inflamación y supuración. Inflamación dolorosa al menor contacto, sobre todo al frío, con supuración de instalación brutal. Tos dolorosa perruna. Conjuntivitis. Laringitis aguda a frigore dolorosa. A emplear en dilución alta (15-3O CH) si es aguda, súbita. Después de una extracción dental. En individuos que siempre llevan la contraria 200 CH y/o juegan con cerillas o con fuego.

 

·         HYPERICUM PERFORATUM 9 CH: Dolor de lugares ricos en nervios. Aplastamiento de nervios (ciática, herpes doloroso). Tétanos. Lésiones en médula espinal. Pinzamientos y dolores neurágicos (corren por los nervios).

 

·         IPECA 9 CH: tos y vómitos. Tos coqueluchoide en quintas con náuseas y vómitos. Lengua limpia. Asma infantil con grillera. Náuseas de origen digestivo. También eficaz en hemorragias, pequeñas o grandes, con sangre roja viva brillante.

 

·         IGNATIA 30 CH: Sensación de ahogo con una bola en la garganta. Pérdida de una persona querida. Se ahoga en un lugar con humo de tabaco.

 

·         KALIUM CARBONICUM 200 CH: Dolor de espalda, debilidad y sudoración (en la tercera edad). Meteorismo en la parte alta del abdomen.

 

·         LACHESIS 9 CH: Laringitis. Problemas psíquicos en la menopausia. Mejora con la regla. Celos. Alcoholismo.

 

·        LACHNANTES 7 CH: Tortículis. Dolor de cervicales

 

·        LEDUM PALUSTRE 9 CH: Picaduras de medusas e insectos. Traumatismos con objetos punzantes. Puñetazo en un ojo.

 

·        LUESINUM 15 CH: Insomnio de noches en blanco.

 

·        LYCOPODIUM 9 CH: Problemas digestivos. Es el medicamento de las convenciones. Bodas, bautizos, cumpleaños. Meteorismo en la parte baja del abdomen.

 

·        MERCURIUS SOLUBILIS 9 CH: inflamación y supuración. Es uno de los grandes remedios de acción general, utilizado tanto en agudo como en crónico. Y figura en primer escalafón de las enfermedades infecciosas del niño (rinofaringitis, anginas que afectan al oido o síndromes alergo-infecciosos respiratorios (bronquitis asmatiformes). Le agrava el frío, el calor y los cambios de temperatura. Sudoración abundante. Halitosis. Colon irritable.

 

·         NATRUM CARBONICUM 200 CH: Debilidad en tobillos y muñecas. Dolor en el primer metacarpiano (por agotamiento en una escalada).
 
·         NUX VÓMICA 9 CH: indigestión. Síndromes gástricos y digestivos por abuso de alimentos, alcohol, medicamentos, tabaco... Remedio de nuestro tiempo, de los excesos, del sedentarismo activo, de la precipitación, de la impaciencia, del estrés. Lengua sucia blanca, meteorismo gástrico, nauseas, vómitos, colon irritable.

 

·        OPIUM 15 CH: Para recuperarse de un coma o para prevenirlo (por alcohol, operación o intoxicación por inhalación de gases). Estreñimiento postoperatorio. Atonía física y psíquica después de un disgusto (estupor) Somnolencia. Delirium tremens. Glaucoma.

 

·        PHOSPHORICUM ACIDUM 9 CH: Diarreas sin debilitamiento. Astenia en personas que han crecido rápidamente. Agotamiento por estudio. Abandono de los estudios por agotamiento con caída del cabello (200 CH)

 

·         PHOSPHORUS 9 CH: Hemorragias. Miedo al dentista.

 

·         PHYTOLACCA 9 CH: Anginas de color granate. Otitis media. Aprieta los dientes. Mastosis. Anginas de color granatoso.

 

·         PULSATILLA 9 CH: Mucosidad abundante. Manos y pies fríos.

 

·         PYROGENIUM 9 CH: infección. Conocido como "el antibiótico de los homeópatas" es el remedio de los estados infecciosos sépticos con falta de reacción. También se utiliza en caso de intoxicación alimentaria junto con ARSENICUM ALBUM. Empezar con una dilución alta 15 CH. Es característico el pulso débil con fiebre alta o viceversa.

 

·        RHUS TOXICODENDRON 9 CH: dolores musculares y articulares. Afectación articular, sobre músculos y tendones. Con rigidez dolorosa a la inmovilidad (mejora con el movimiento). Torceduras, esguinces, tendinitis... que tengan esta modalidad.

 

·         SAMBUCUS 9 CH: tos. Tos brusca con disnea intensa, tos laríngea en quintas, tos seca.

 

·         SENNA 5 CH: Subida brusca de acetona en los niños por abuso en la ingestión de frutas.
 

·         SEPIA 200 CH: Rigidez de la espalda y nuca. Dolor de luxación de las caderas (derecha). Preventivo del aborto del 5º mes al 7º. Excoriación de la vulva y entre los muslos. Orina muy ofensiva. Hinchazón hidrotópica del abdomen. Chorros de orina cuando tose.

 

·         SILICEA 9 CH: Problemas pulmonares. Supuración. Bartolinitis aguda.

 

·         STAPHISAGRIA 9 CH: Heridas con cortes limpios como con un cuchillo o bisturí. En 200 CH ante una humillación.

 

·         SULPHUR 9 CH: Ingesta excesiva de farináceos y/o huevos. Dolor agudo en varices. Dolor de trigémino.

 

·         VENA 4 CH: Arteriopatías (Claudicación intermitente, calambres en las piernas andando, nadando o en la cama) 4 gránulos cada 5 minutos hasta la recuperación.

 

·         VERATRUM ÁLBUM 9 CH: diarrea. Diarrea imperiosa súbita con sudores fríos, deshidratación aguda por pérdida liquida. Síncope después de la deposición, y un estado de extrema debilidad, con frío notable de todo el cuerpo.

 

·         ZINCUM METALLICUM 200 CH: Gran calmante de los nervios.

POSOLOGIA: En las diluciones bajas se puede administrar 1 gránulo 3 veces al día durante varios días si es necesario. En las diluciones altas basta con una dosis única de 8 gránulos. En las diluciones muy bajas se puede administrar el medicamento varias veces cada 5 o 10 minutos.

15 dic 2011

BARCELONA NACIÓ CON LOS GRANADOS (Cap. 7)

Capitulo 7

 

·         El paternalismo

SULFUR 200 CH

·         El maternalismo

STAPHISAGRIA 200 CH

 

El amor anhelado

 

¿A quién explicarle que mis demonios

se conjuran y me obligan a escribir?

 

No podría vivir sin escribir, sin explicar

que a menudo sobre mis oídos

una dulce melodía,

que acompaña siempre a la imagen

de los Coros de los Ángeles,

me impide ver todo aquello

que flota como nubes blancas

delante de mis ojos a excepción

de dos maravillosos puntos magenta.

 

¿Quién me hubiera oído

si yo hubiera gritado en momentos

en que desde el Círculo de los Tronos

ya habías decidido

lanzarme al Inframundo

despojado de mis sandalias aladas?

 

Me lavé los pies

con  mis propias lágrimas

y mis demonios se expandieron

por los espacios interestelares

como una gigante roja

quemando el poco oxígeno

que aún conservaba de tus besos.

 

Como en una alegoría

que no me abandona nunca

los dos rubíes que durante meses

mi lengua limpió de impurezas

como un privilegio, siguen brillando

como púlsares lejanos.

                              

En mitad de la noche,

los demonios de esta noche,

montados sobre el viento

lleno de espacio vacío,

me muerden el rostro

y sólo me consuela saber

que existes mi amor,

aunque sólo sea

como amor anhelado.

                        Elisa R. Bach

 

Lo que más destacaba en Daniel era una larga cola de caballo atada con una goma roja haciendo más visible un pelo estirado, lacio y canoso. Pero eso no era lo peor. Sus luengas barbas amenazaban continuamente su pecho adornado con un sol enorme atado al cuello con una cadena de un pobre dorado que mostraba a las claras de que no se trataba de oro. Tampoco su dentadura escapaba a la pésima impresión de su imagen: dos dientes de oro (éste sí debía ser auténtico) encajaban mal con el resto de dientes amarillentos.

 

Daniel, según Yvette, era escultor. Tenía su taller en un semisótano de la Rue Rochechouart y se quejaba de que cada vez que llovía se le inundaba de agua debido a la pendiente de la calle. Era una excusa perfecta para justificar no dejarnos ver su taller. Mientras desayunábamos en el "Café du Comerce"  de la Rue de Clignancourt, justo en la esquina de la Rue Pierre Picard, Daniel no paraba de dar su opinión sobre cualquier pequeño detalle hasta el punto que me pareció que quería presentarse como si fuera mi padre, pero por debajo de la mesa intentaba abrazar mi pie con los suyos.

 

Evidentemente Daniel era el prototipo de hombre para llegar a comprender la indiferencia y falta de libido de millones de esposas resignadas a su función de madre y de ama de llaves de sus propias casas. Tipos como Daniel explican la existencia de la reacción femenina ante tales atributos puede llevar a una exageración y teorización del "deber ser", en cierta medida necesario para la educación de los hijos, pero que pasados los años, muchas mujeres no pueden escapar de esa manía por la limpieza, por lo que ellas creen sobre el "deber ser" y se muestran críticas con cualquier detalle que no ven como correcto.

 

Esa actitud las convierte en unos seres críticos y perfeccionistas de tal forma que cualquier contradicción que se les atribuya a sus indicaciones se la toman como una situación humillante. Yo no tendría un compañero así aunque fuera el último hombre del mundo. A su lado destacaba fuertemente la blanda y fina sonrisa de Yvette: igual que resplandor de marfil viejo, como nostalgia o nieve navideña en patio oscuro o como claro de luna en un libro muy querido. En ese momento me sentí afortunada.

 

A pesar del carácter de Daniel y su poca disposición al trabajo Yvette pensaba que era un buen artista y que valía la pena tener un poco de paciencia con él. Después de prometernos que nos acabaría un antiguo encargo fuimos a husmear un rato al Marché aux Pouces. Quizá, debido la prisa, no encontramos nada interesante y regresamos a casa.

Aquella noche, tuvimos de invitados a Mr. Brechbühl y su mujer, Monique. Justo a las ocho de la noche llamaban al timbre. Yvette miró el reloj y no pudo reprimir su comentario: ¡Ah! La puntualidad de los relojes suizos. Tan sólo abrir la puerta abrazó a Mr. Brechbühl y besó a Monique, se colgó del brazo de él y lo acompañó hasta el amplio salón para presentármelo. Hizo una mueca, estirando los labios hacia adelante ofreciendo el beso porque era ciego. Monique me dio tres besos a la francesa.

 

La cena se desarrolló en una atmósfera de buen humor en la que Mr. Brechbühhl escuchaba con gran deleite las historias de Yvette, que como siempre, estaba pletórica. En un momento dado recordó la primera estancia que hizo en Lausanne. Fue durante unas cortas vacaciones de Navidad. Allí había conocido a aquel simpático matrimonio y desde entonces la amistad se mantuvo durante años.

 

Mr. Brechbühl y su esposa vivían en la Place du Nord cerca de la Catedral de Lausanne. Él se quedó ciego a la edad de 12 años a causa de una infección en un ojo que posteriormente se le pasó al otro.  Fue operado sin éxito varias veces.  Ingresó en una escuela de la Société Cécital (cécité significa ceguera), una especie de ONCE española, donde los ciegos que no desean vender números de sus loterías cursan estudios de masajes, música, comercio u otros oficios para los que su hándicap es su principal virtud.

 

Mr. Brechbühl se dedicaba a la venta ambulante de productos para el hogar como líquidos para la limpieza, delantales, aerosoles con olor a pino para vaporizar en las habitaciones, cepillos para la ropa, Champús y jabones para el baño, etc. Se hacía acompañar por algún estudiante que llamaba a la puerta del posible cliente-colaborador de ciegos. La misión del acompañante, a modo de lazarillo, era saludar a la persona que les abría la puerta de forma que Mr. Brechbühl supiera, por el saludo, -Bon jour madame o Bon jour Mademoiselle- si se trataba de una chica o una señora mayor. A partir de ahí comenzaba su discurso para ofrecer los productos de la Société Cécital.

 

En caso de ventas en firme, el estudiante sacaba un bloc de pedidos y anotaba los productos correspondientes, nombre y domicilio donde se entregarían posteriormente, entregando a continuación una copia a la persona interesada. Por la tarde una sobrina entregaría el pedido en aquel domicilio y cobraría el importe acordado. Ese tipo de comercio estaba exento de impuestos para ayudar, con unos precios inferiores a los del mercado, a los ciegos.

 

Monique, tenía en la planta inferior un piso de seis habitaciones que, aprovechando su proximidad a la catedral, las destinaba a servicio de hotel para turistas. Con esas dos fuentes de ingresos subían con cierta holgura a sus dos hijos. Conducía un pequeño DAF automático para el que no necesitaba permiso de conducir y con él acompañaba a los niños a la escuela situada en Prilly. Era la típica ama de casa que, a pesar de todo, seguía adelante, hiciera el tiempo que hiciera, con una rebanada de pan con mantequilla en la mano y la otra al volante.

 

Mr. Brechbühl era un hombre de cara redonda, como si se hubiera quedado estancado en su niñez, de carácter dulce y paciente y optimista de puertas afuera. Ese carácter acentuaba aún más su aire de persona inofensiva, que cree que en este mundo todo se puede arreglar con buena voluntad. Su vientre bastante voluminoso denotaba el exceso de comida grasa, a base de quesos y embutidos. Con la apariencia de unos cincuenta años estaba satisfecho de la vida y se desvivía por mantener contacto con numerosos amigos.

 

Monique, algo mayor que su marido, daba la impresión de haberse casado con él a una edad en que la vida por alguna razón no la había tratado bien. Resentida y como mal menor se casó como el que por miedo a no encontrar otro tren al que subirse, se había aferrado al furgón de cola y aceptar lo que otras personas no hubieran aceptado.

 

Este juicio, podría parecer duro y cruel, pero lo hice después Yvette le acariciara, en la cocina, sus glúteos introduciendo una mano entre ellos. Reconozco que aquello me excitó, pero no estaba celosa porque Yvette ya me había acostumbrado a esos detalles. A partir de ahí observé más detenidamente el rostro de Monique. Sus ojos azules, claros como el cielo, brillaban como los de una mujer ansiosa de echar los dados. Era como si hiciera ya tiempo que no tenía relaciones con su marido. Más tarde me enteré que dormían en habitaciones separadas. En la cara tenía una gran mancha roja que se extendía por encima de la nariz hacia los pómulos en forma de mariposa. Su pelo era fuerte, y crespo; cortado como si fuera un hombre, dándole un cierto aire masculino.

 

Después de la cena y con los besos de rigor se despidieron algo cargados de alegría y vino tinto. Un taxi los recogió para llevarlos al hotel donde se hospedaban. Yvette me invitó a ducharme con ella como en otras ocasiones y después de secarnos, completamente desnudas nos dormimos abrazadas como dos almas gemelas que se necesitan una a la otra.

9 dic 2011

BARCELONA NACIÓ CON LOS GRANADOS (Cap. 6)

Capítulo 6

 

·         Miedo a perder algo muy querido

              VERATRUM ALBUM 200 CH

·         Acobardamiento

LYCOPODIUM 200 CH

·         Carácter miedoso

CALCAREA CARBONICA 200 CH

 

LA TINTA DE LA SEPIA

 

¿Tan difícil es vivir?

Huiste despavorida

cuando entre los acantilados

te pregunté:

Mi amor, ¿tan difícil es vivir?

-parafraseando  un verso de Virgilio-,

creí que ibas a suicidarte.

 

Tu médico te ha dicho que

aspires el aroma de la lavanda,

que pasees bajo los tilos

y que no comas manzanas

que puedan estropear tu humor.

 

 ¿Prefieres la cicuta antes

que cumplir la obligación

de mirar el horizonte pintado

con nubes de algodón y frescos?

 

¿Es demasiado pedir

que duermas bajo mi sábana

de nardos, narcisos y violetas?

 

Si no tienes valor

para seguir adelante

por el dulce camino de los granados

abarrotados de flores fucsias,

lánzate al mar y que los delfines

se repartan tu cuerpo.

Desobedece a los cantos de sirena

que te impiden atravesar

el huso horario de tu mundo.

 

 Si aún crees que te falta valor

para que el mar del que saliste

te engulla para alimentar a sus algas

déjate morir, como Adriano,

de inapetencia de poder

-terrenal y celestial.

 

Pero si aún te queda algo de sal

en tu corazón deshilváname

con tus dientes y vuelve a empezar.

 

Si necesitas ayuda, pídemela

y te daré una gota de mi negra tinta,

lanzaré mi aliento en tu boca

y mis manos se hundirán en tu espalda.

 

Te abriré los ojos a la horizontalidad,

tus hombros recuperarán tersura,

tu piel volverá a absorber la luz

y el oxígeno de mis pulmones

 

y la vida rebrotará como en primavera

llenando tus sueños de lunas.                       Elisa R. Bach

Uno de aquellos sábados en que Yvette paseaba con sus hijas por el puerto de Fécamp, fui a recoger una carpeta con documentación para un "stage" a la fábrica  que Eclair Industries tenía en Petit Quevilly. Sólo estuve el tiempo justo para recoger la documentación. De pronto sentí que me sobraba el resto del día, la noche y el domingo casi por completo.

 

Deambulando por las calles de aquella pequeña localidad industrial, fui a parar sin darme cuenta a una carretera que se abría paso, perezosamente –como yo- entre las hayas enormes en altura y copas que cerraban el paso a la escasa luz de un día gris. El cielo bajo y opresivo, preñado de niebla, parecía el techo sucio de un bosque, limpio, exento de arbustos, y lleno de caminos surcados por las hondas estrías de las ruedas de los vehículos forestales. De vez en cuando el sol rojo asomaba, como por una ventana, lanzando rayos inciertos que se deslizaban entre los nubarrones y enmarcaban el fango del camino con delgadas franjas amarillas.

En aquella soledad un ligero viento irascible, arrastraba las hojas amarillas y disipaba el humo deshilachado que elevaba, penosamente, para escapar del encantamiento de las hayas. Aquello –sentí- era el cuadro de una indecible y desvalida melancolía. Se estaba estableciendo un raro dolor en las proximidades del corazón. Esa sensación hizo que volviera a toda prisa sobre mis pasos, subiera al auto y regresara a París, precipitadamente.

 

Detenida en un semáforo el dolor del pecho se había calmado y había sido sustituido por un calor extraño en mi bajo vientre. Delante de mi automóvil un vehículo azul llevaba en la parte trasera un enganche para remolques; era un hierro erecto acabado en la punta con una bola. Aquella imagen me excitó de tal manera que empecé a mojar las bragas.

En lugar de ir hacia casa, me dirigí remontando el Bd Sebastopol hasta la boca del metro de Strasbourg-Saint Denís. Allí estaba, tranquilo e imperturbable aquel saco de músculos. Detestaba lo que iba a hacer, pero algo más fuerte que yo me impulsaba a seguir adelante. Detuve el vehiculo y le pregunté a David cuanto me iba a cobrar por unas cuatro horas. Acordé el precio, se sentó a mi lado, con la frialdad de un verdadero profesional me estrechó la mano como después de llegar a un acuerdo comercial.  En el mismo automóvil se abrió la cremallera, sacó su enorme pene y cogiéndome la mano me acariciaba con la punta, la palma de mi mano. La fuerte titilación que sentía entre las piernas se convirtió en orgasmo.

 

Llevé a David a un hotel cerca del Bd. Magenta. En la habitación había un espejo y yo quería ver mi propia imagen mientras engullía aquel enorme sexo. Quería fijar aquella visión en mi retina para siempre. Ninguna otra imagen erótica me excitaba como aquella. Al salir del hotel detuve un taxi, despedí a David que, mostrándome su profesionalidad, me dio la mano sin mediar ningún beso. Curiosamente esa actitud tranquilizó mi conciencia y en el trayecto de regreso a casa en mi cabeza daban vueltas otros pensamientos distintos de lo que había sido una orgía de múltiples orgasmos.

 

Pensé contarle todo lo sucedido a Yvette, pero el miedo a su reacción, a un posible enfado me aconsejaba no decir nada. Yvette tampoco me lo contaba todo. Guardaba para ella grandes parcelas de su intimidad y yo nunca le preguntaba nada que ella no quisiera contarme voluntariamente. Yo me movía en aquellos momentos en un terreno resbaladizo, mezcla de temor a un enojo repentino a los que ella había acostumbrado a sus ayudantes en la fábrica. Por otro lado los "derechos" que Yvette me iba otorgando siempre rondaban la indefinición. Finalmente la prudencia y mi libertad me aconsejaron callar la aventura.

 

Al llegar a casa me quedé dormida hojeando los apuntes del "stage" al que debía asistir en Belfort. La Asociación de Empresas para el Desarrollo de las Aleaciones del Zinc, convocaba de vez en cuando esos pequeños cursos para la formación continuada de profesionales del ramo.

 

Me desperté al anochecer, fui a la nevera dudando de lo que me apetecía en aquellos momentos. Finalmente preparé un "Cascroutte" de jamón y queso y me bebí dos buenos vaso de vino. Mientras comía continué mirando los apuntes del "stage". Hacia las once me llamó Yvette y estuvimos charlando por teléfono como dos colegialas. Las historias que me contaba me hicieron reír como si el buen tiempo empujara para invadir una vez más a un París otoñal.

 

Los poetas ensalzan el amor, y en lo que dicen de su poder tiene que haber algo de cierto. Es un rayo de sol que ilumina, dicen unos, un veneno que embriaga, dicen otros. Y, realmente, sus efectos son semejantes a los de ese gas hilariante que el anestesista administra al tembloroso enfermo antes de una grave operación: el paciente olvida el punzante dolor…

 

De la misma manera yo había olvidado en un año escaso mi país de procedencia aunque no mis lenguas anteriores y por supuesto mi vida ahora atraviesa por una etapa de maduración como una bendición del cielo.

 

Vivo un tiempo en el que millones de nuevas sensaciones, dulces y misteriosas, nacen –como elfos que surgen de las flores besadas por la luna- en el corazón de una mujer; en el que hasta la doncella, temblorosa, se asombra de la profusión de sentimientos que había latentes en su interior, y en el que sus ojos brillan como una promesa, sagrada, eterna y redentora.

 

En ese tiempo –creo- lo importante no son las preguntas en el pecho, ni angustias, ni cuidados que enturbian el espejo del alma. Se vive un único, grande, gozoso presente, que no conoce pasado alguno, que no siente temblor ante futuro alguno. Y así embriago yo ahora los primeros felices años de mi vida y desearía otros muchos más junto a Yvette, fuente inagotable de vida.

 

Al día siguiente, un domingo tranquilo y silencioso, como lo son en París hasta las doce del mediodía en que parece que muchas personas tienen necesidad de salir a la calle para hacer ruido o escuchar el que hacen bandas musicales de aficionados, me sentía bien. Sin embargo mi cabeza no paraba de dar vuelta al tema del sexo.

 

El sexo me parecía –y aún me parece- una cosa difícil; sí. Pero esa idea se me presentaba como una dificultad encomendada. Como casi todo lo serio y difícil, yo lo vivía (el sexo) desde mi infancia con fuerza y en mi interior estaba exenta de convencionalismos o eso creí hasta que conocí a Yvette que me hizo comprender que el placer corporal es una experiencia sensorial, semejante al puro mirar o a la mera sensación con la que un hermoso fruto llena la lengua; es una experiencia grande, infinita, que se nos da, un conocimiento del mundo, la plenitud y el esplendor de toda sabiduría.

 

A las doce del mediodía Yvette me llamó aconsejándome que almorzara poco porque a la noche estábamos invitadas a una cena con unos amigos. Le hice caso. Me comí un biquini y me puse a leer, pero no recuerdo nada de lo que leí porque me quedé dormida con el libro en las manos. Sólo recuerdo que su juvenil voz, saliendo del auricular, acariciaba mi oído y como un regalo, me llenó de satisfacción.

 

A las siete de la tarde me despertó el tarareo prometedor de Yvette. Casi eufórica me apremiaba para que me pusiera guapa porque teníamos el tiempo justo a pesar de que la cita era a las nueve. El restaurant estaba en Créteil (Val de Marne). En una hora estábamos ya en el Bd. Periphéric. Aún faltaban algunos kilómetros para alcanzar la salida de la Route de Choisy y el tráfico era espeso y lento, pero permanecíamos tranquilas y de buen humor porque nos sobraba el tiempo.

 

Cuando llegamos al restaurant sólo estaba Gérard, el más entusiasta de los cineastas de París. Nos invitó a tomar unas copas de tinto Côtes du Rhon. A la mitad de la primera copa ya empezamos a reír con las simpáticas tonterías que explicaba Gérard. Con cara seria y con aire de gran señor se dedicaba a repetir todos los tópicos de los anuncios de la televisión de aquellos años. Yo no entendía muy bien lo que decía, pero su cara era de lo más divertido.

 

Cuando llegaron los demás, la conversación giró en torno a dos películas que yo no había visto: "La Nuit Americaine" y "Rendez-vous a Brai". No me enteré de nada, pero me sentí bien en medio de aquel grupo que se aprestaban a ser amables conmigo por el sólo hecho de ser la amiga de Yvette. El vino se me iba subiendo a la cabeza y el calor en mis mejillas debía de apercibirse a gran distancia. De vez en cuando Yvette me ponía su mano sobre mi rodilla por debajo del mantel de forma discreta lo que agredecí porque si no, me hubiera ruborizado aún más.

 

Todos los amigos de Yvette, la apreciaban y una sola palabra de ella era escuchada como algo original y digno de ser comentado. A pesar de mi media "tajada" me apercibí de las miradas discretas que de vez en cuando me dirigían los amigos masculinos de Yvette. Ellos conocían a fondo la personalidad de su amiga y vi en ellos una auténtica alegría por saber que había encontrado una amiga especial.

 

Al llegar a casa, me tumbé en la cama como si quisiera darle un zarpazo al colchón, Yvette me desnudó no sin trabajo y me cubrió de besos como a una princesa.

 

7 dic 2011

COMENTARIO DE LA PROFE DE MATES

Hola guapos ahí van mis comentarios de esta semana

Tengo el oído muy fino y durante la noche, cuando no duermo, me entero
de los más imperceptibles sonidos. Soy paciente con los llantos de los
niños del vecino pero los ruidos de las cañerías confieso que me ponen
de los nervios. El poema del capítulo 28 de "Niños a la deriva" es muy
bueno y me ha dado la clave para convertir en sonidos agradables los
que, en principio, son ruidos muy molestos.

Después de haber leído los "versos escritos para amar y ser amados"
del 29 de "Niños", percibo el inconfundible aroma del jabón de la isla
de La Toja. El poema es fantástico y la alusión del texto al pueblo de
Corcubión me ha emocionado; el carácter de las gentes de este lugar
marinero de A Costa da Morte está reflejado
espléndidamente.

La ubicación del cementerio de Corcubión es, como precisa Elisa en
"Niños a la deriva", muy curiosa, y me han dicho que por allí se
pasean fantasmas de marineros griegos que fueron víctimas de un
naufragio.También pienso que el Mediterráneo y el Atlántico (donde
huele la vida y se sospecha la sal, como dice la escritora) tienen
luces y bellezas diferentes. El capítulo es precioso, me ha alegrado
la desapacible tarde.

El poema "La depresión de Sepia" del capítulo 4 de "Barcelona..."
retrata perfectamente a la mujer deprimida, no le falta detalle. La
comparación "Está sola ...como huesos abandonados en un cementerio
ignorado..." es genial, demoledora, para no levantar cabeza.

"La mañana de la profe de mates", poema del 5 de "Barcelona nación con
los granados" me ha fascinado. No siempre se sonríe al pensar en la
mañana del día siguiente con alumnos alborotados pero sí se siente
cierta inquietud cuando toca explicar algún teorema a los que no lo
desean recibir. Tal vez la lectura de un poema de Elisa al comienzo
de la clase les anime... y entiendan que hay búsquedas (verdad,
belleza, el infinito) que comparten las mates y la poesía. Probaré
este método.

Encuentro buenísima la descripción de la sesión en el juzgado (5 de
"Barcelona") con el superhombre sobre la tarima. Me ha recordado a
los directores de banco cuando vas a pedir una hipoteca, sin tarima
pero subidos a la misma altura y marcando distancias.

En cada nuevo capítulo observo que Elisa va adaptándose al ambiente
de París y se va liberando de los prejuicios, como dice magistralmente
la escritora, "por orden alfabético y no por fecha de caducidad". La
narración de su noche con Yvette y David, en el capítulo 5, confirma
su desinhibición sexual; es maravilloso que personajes femeninos sean
capaces de romper también con los convencionalismos a este nivel.

La novela se pone muy interesante, intriga lo del accidente mortal que
nos adelanta la protagonista. Me gusta mucho la metáfora "preludio del
límite de un aprendizaje obligado" con la que pone fin al capítulo de
esta semana.