19 feb. 2015

Este país es la leche. Se aprende rápido.

CAFÉ SUEC

 

Me han dado trabajo

de camarera el Bar Suec de Barcelona. Estoy contenta: soy la envidia de mis amigos de Malmö. Puedo aprender catalán y español y sus diferentes acentos sin salir del barrio.

 

Me gusta cómo hablan los jóvenes de hoy:

"¡Qué pasada! Me moló mucho el concierto; Les dije a los colegas que me iba a currar  -oí que le decía por teléfono un cliente a sus acompañantes".

 

"¡Ok! -le contestaron- ¡nos vemos!.

 

"¡Qué fuerte tío! –decía otro sosteniendo la botella de cerveza cerca de la boca pero sin beber- me despidieron sólo por el olor de mis pantalones. No comprendo cómo se puede vivir sin birra".

 

Sí tío… Es que es muy fuerte ¿no?

 

Fíjate Olga. Me viene un friki,

me  pide un café y me pregunta si practico deporte. Le digo que sí, el de la barra fija.

 

¡Qué fuerte tia!

Si hubieras visto su cara. Esto es la leche, aprendes rápido el idioma y además te diviertes:

 

A continuación -no te lo pierdas- entra el poeta

y me pregunta si aún queda café. "En caso afirmativo –me dice- ponme uno doble"…"aunque no te pagaré por ello más que un bieuro(1)".

 

¡Qué fuerte! ¡Cómo habla!

Parece que se ha escapado de una de sus novelas. No es mala persona. Me han dicho que no hace mucho era una pieza de anticuario.

 

¡Flipa tía!

Ahora no es más que un trasto viejo, muy viejo. Aunque el cabrón sigue en pie. A veces nos da propina.

 

Dice que es para ayudar

a los hijos de los camareros. ¿Será Cabrón?

 

Lo más fuerte es la "Bici de Fuego"

–en alusión a cierto profeta- una diva del cine local. Cuando entra esa actriz nos miramos todos los camareros y pensamos lo mismo: A esa hay que darle de comer aparte.

 

Se está adelgazando

y sus piernas parecen unas alicates, pero ella sigue creyendo que es una semidiosa.

 

¡Qué fuerte tia!

Entra un tronco, me pide si le puedo descorchar una botella de vino que llevaba en el macuto. Le levanto el corcho pensando en su cerebro hecho de la misma corteza del alcornoque,

 

se sienta parsimoniosamente

en una de las mesas de la terraza, se  bebe su vino a la salud de la camarera que ha hecho lo que él quería … ¡y gratis!

 

¡Qué fuerte tía!

Yo flipo en este barrio. Miguel –el propietario del bar también sueco- supo escoger idioma, moto y calle para tomar el sol.

 

¡Cómo han de odiar los plátanos

-de la pequeña Plaça de La Virreina-

la helada noche de febrero!

 

El invierno termina,

y sin embargo aún son cortos los días. Las noches empiezan a ser más cálidas y la terraza vuelve a llenarse de clientes.

 

Este país es la leche.

Se aprende rápido. Sólo hay que mantener a raya a algunos maduritos que se ponen muy nerviosos cuando se enteran de que soy sueca.

 

                                                        Johann R. Bach

 

1.       Bieuro. Así llama el poeta a las monedas de dos euros.


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